viernes, 19 de agosto de 2011

DE MIS AVENTURAS Y DESVENTURAS CON LAS LINEAS AÉREAS, LOS GASTOS INNECESARIOS DE LAS ADMINISTRACIONES Y OTROS TEMAS…

Viernes 18 de agosto_Comienzan las vacaiones

Antes de comenzar con el post de esta semana, me gustaría felicitar a mi amigo Raúl por su 35 cumpleaños, para que siga al menos otros 35 más siendo tan especial. Además no puedo olvidarme de Iván y Sergio, los cuales van a ser padres en unos días, para que sus hijos sean al menos tan felices como hasta ahora lo han sido sus padres. Y ahora el post:

Ayer estaba en el aeropuerto de Bilbao, esperando para coger mi avión de vuelta a Madrid. Hora de salida estimada 17:35. Por alguna extraña razón, Iberia, la compañía con la que volaba, decidió que era mejor salir a las 21:30. Qué coincidencia, pues a esa misma hora había otro vuelo a Madrid con la misma compañía. Supongo que os imagináis la jugada: “tenemos 2 aviones casi vacíos, pero al juntarlos, podemos casi llenar uno”. Dicho y hecho, total, tampoco es mayor problema, los clientes, pasajeros, o “ganado”, podemos llamarlo como quieran, siempre ha sido muy obediente y esta ocasión no va a ser menos.
Y así quedó la cosa, me dieron un refrigerio, es decir botella de agua y sandwich infumable, me recorrí más de 10 veces los pasillos del aeropuerto, admiré la estructura de Calatrava y comprobé lo poco funcional que es (¡peores controles imposible!), observé a otros pasajeros, los cuales al principio estaban cansados, luego se fueron mosqueando para terminar con un enfado de narices (sobre todo los que perdieron sus conexiones y tenían que hacer noche en Madrid), puse una reclamación,…y ¿al final para qué? Para nada. Eso sí, llegué cansadísimo a casa y el Barcelona FC volvió a ganar a mi Madrid, pero bueno ese es otro tema…
Así son los viajes, los organizas con toda tu buena intención y luego ellos cobran vida propia. Lo mejor de todo es que mi objetivo era viajar a San Sebastián. Madrid-Bilbao-coche a San Sebastián y vuelta. Para los que no lo sabéis, están de Semana Grande por San Sebastián y que me perdonen l@s donostiarras, siguen siendo “igual de aburridas”. Apenas verás pañuelos al cuello por las calles, como en Bilbao o Pamplona. Eso sí, ciertas cosas allí nunca cambian: i) la ciudad es preciosa; ii) los pintxos están para chuparse los dedos y iii) el tiempo y el chirimiri de siempre te fastidia el día, ¡qué pena!
Seguro que algunos os preguntaréis porqué volé a Bilbao cuando podía haberlo hecho directamente al aeropuerto de San Sebastián, en Fuenterrabía. Muy sencillo, en éste último apenas existen frecuencias/conexiones y tampoco es que esté muy cerca del centro de San Sebastián, que los 30 min en coche no te los quita nadie. Llegado a este punto, me pregunto, ¿para qué está abierto el aeropuerto de San Sebastián?. Rectifico, ¿para qué está abierto el aeropuerto de San Sebastián, Santander, Zaragoza, León, Granada?…por no decir los de Castellón y Ciudad Real, que a este último no vuelan ni mis amigos de Ryanair! Se trata de una más de “las inversiones” que nuestros queridos políticos hacen a costa de nuestros bolsillos. Sí, el de todos, para luego poder presumir diciendo: “señores conciudadanos, yo…fulanito de tal…en este preciso momento, me comprometo a ponerles un aeropuerto en la ciudad…menganita de tal”, pero eso sí, lo que nunca nos dirá es que ninguna compañía aérea lo considera rentable, y que no tendrá más remedio que subvencionar a los Vueling, Airberlín de turno o lo que es peor a Ryanair, “la Garrapata”.
¡Viva la economía de mercado! Si Adam Smith levantara la cabeza y viera lo perfectos que son ahora los mercados, seguro volvía espantado de nuevo a su descanso eterno.
Sinceramente, la única explicación que le encuentro a este dispendio subvencionador es que carecemos de políticos ó lo suficientemente valientes ó lo suficientemente preparados para tomar ciertas decisiones. Me voy a tomar la confianza, con vuestro permiso, de hablar de algunas medidas que tomaría:
1.       Cerrar aeropuertos no viables económicamente, muchos de los cuales además tienen a menos de 120km otro aeropuerto, que a su vez podría mejorar la oferta al consolidar vuelos.
2.       Prescindir de administraciones públicas redundantes. Recordemos que la administración tiene como mínimo 4 niveles: central, autonómico, local y diputación. A cada uno le dejo decidir donde metería la tijera y sólo recuerdo la última frase de Ana Mato esta semana: “sí, ahora que hemos ganado nosotros las elecciones vamos a cerrar diputaciones, ni hablar”. Ante semejante argumento, me quedo sin palabras.
3.       Privatizar aquellas sociedades privadas de capital público creadas al albur de la bonanza económica, que actualmente son como agencias de colocación de empleo (colocar a familia y amigos para que luego me voten), que se encuentran a su vez financiadas por las Cajas de turno y en las que la TIR,  VAN o rentabilidad son expresiones extrañas, como si fueran chino mandarín.
4.       Afrontar una reforma laboral seria, enfrentarse al problema de una educación deficiente (pilar para una sociedad productiva futura), invertir en tejido industrial, en proyectos emprendedores,…, olvidarnos un poco de la construcción como único motor de la economía y generador de empleo, y sobre todo, trabajar, trabajar más y de forma más productiva.
Bueno, creo que podríamos añadir más elementos a cambiar. Yo sólo he señalado algunos, y podéis estar más de acuerdo o menos con ellos, pero en lo que seguro coincidimos es en las ganas de ayudar a cambiar esta situación económica actual, a salir de la recesión, a crear puestos de trabajo, a permitir que los jóvenes de nuestra sociedad se integren y evitar así perder una generación,… y a otro montón de buenos propósitos que seguro cada uno tenéis en vuestro interior.
Empecé este post de forma negativa, pero casi se me ha pasado el enfado de ayer. Seguiré volando, y seguiré visitando San Sebastián, porque como poco, es especial. Su festival de cine, sus paseos por la Concha, el barrio viejo, las comilonas,…dejando siempre de lado a los “extorsionadores” que están a cargo actualmente de la ciudad, porque ese tema es otro, que sólo los vascos pueden resolver.
Me quedo sin embargo con ganas de hablar de las famosas “posiciones a corto” que se prohibieron la última semana, de la crisis de la deuda europea/americana, de las teorías económicas para salir de esta crisis: Keynes, Friedman, Von Misses o Stiglitz, del cierre del interbancario, del paro, del JMJ, del calor…esto último me gusta. Me voy huyendo del calor de Madrid, por lo que las próximas semanas no os daré la paliza con ningún post, pero espero volver con las pilas cargadas, siempre y cuando todo siga en su sitio a mi vuelta.
Recomendación musical: Love of Lesbian (http://www.youtube.com/watch?v=tZapJzlivGY) tocan el 17 de septiembre en Bilbao, en Santana 27. Para los que no conocéis la ciudad ni el grupo, puede ser una buena excusa. Ya me contaréis…

lunes, 8 de agosto de 2011

El mito de la caverna actualizado por mi amigo RR


Días convulsos son los que nos han tocado vivir, peores los ha habido, sólo necesitamos un poco de valor para ser felices. Y como ejemplo adjunto el post de un gran amigo, el que se creía "muy ojitos azules", que nos ha querido abrir parte de su mundo, de forma sincera y sencilla.

              Hace 2400 años, Platón describía en su alegoría de la caverna una metáfora en la cual un grupo de hombres, encadenados desde su nacimiento, únicamente podían mirar hacia la pared del fondo de la caverna sin poder nunca girar la cabeza. Detrás de ellos, se encontraba una hoguera y la entrada de la cueva que daba al exterior. Por el pasillo del muro circulaban hombres portando todo tipo de objetos cuyas sombras, gracias a la iluminación de la hoguera, se proyectaban en la pared que los prisioneros podían ver. A falta de otro conocimiento, estos hombres encadenados consideraban como única verdad las sombras de los objetos, totalmente ajenos a la realidad de los objetos que las proyectaban y a la realidad existente fuera, al aire libre.
                Platón, continuaba la narración contando lo que ocurriría si uno de estos hombres fuese liberado y obligado a volverse hacia la luz de la hoguera, contemplando, de este modo, una nueva realidad. Una vez asumida esta nueva situación, el mismo hombre era conducido hacia fuera de la caverna, apreciando una nueva realidad exterior (hombres, árboles, lagos, astros, etc.) fundamento de las anteriores realidades. La alegoría acababa al hacer entrar, de nuevo, al prisionero al interior de la caverna para "liberar" a sus antiguos compañeros de cadenas, lo que según la historia no hacía más que conseguir que éstos se rieran de él, afirmando que sus ojos se habían dañado, cegados por el Sol. Empecinado, cuando el prisionero libre intentaba desatar y hacer subir a sus antiguos compañeros hacia la luz, Platón nos dice que éstos, molestos, llegaban al punto de matarlo.
Pues bien, tras el paso de un par de milenios, lo que en su momento era una metáfora empleada por Platón como referencia alegórica a un mundo sensible e inteligible, hoy en día se ha convertido en un fiel reflejo de nuestra realidad. Y lo ha hecho de una manera totalmente literal, tan literal que da miedo.
En las últimas décadas, todo ha ido muy rápido. Tras millones de años viviendo en este planeta como parte integrante de él, hemos pasado en tan solo 50 años a rediseñar totalmente nuestro mundo y la manera en que lo vivimos. De manera fugaz e imperceptible, nos hemos adentrado en las entrañas de la tierra, abandonando el aire fresco, la luz del sol, el ritmo de las estaciones...y lo peor es que no nos hemos dado ni cuenta.
Nos hemos introducido en la caverna del mundo urbano, donde las estalactitas y estalagmitas han sido cambiadas por hormigón y asfalto. La urbe se ha convertido en una burbuja, una "caverna" en toda regla, pero donde la roca ha sido suplantada por cartón piedra, moqueta de oficina y pvc. Al adentrarnos en nuestra vida "moderna", nos hemos alejado del medio natural y de la vida simple, asumiendo la normalidad de anormalidades como el tráfico, la individualidad, la prisa por llegar a ningún lado y el ruido que calla esa conciencia que nos pide encontrarle un sentido a nuestra vida. Hemos cambiado lo fundamental por toneladas de lo superfluo, y hemos alicatado y amueblado esa caverna con tiendas, centros comerciales y multicines, que nos hagan la estancia mas agradable y nos ayuden a colmar ese vacio incolmable. Y lo hemos hecho tan bien, que ya se nos ha olvidado lo que significaba vivir ahí fuera.
 Hemos cambiado las cadenas de Platón por eso que llamamos "carrera profesional" y por un sistema de valores que equipara el éxito personal a la acumulación de objetos materiales. Si bien el dinero se inventó para dar libertad a las personas, hoy en día lo hemos convertido en nuestro grillete mas resistente. Ya no se trata de un medio, sino de un fin, pero un fin que nunca se alcanza, ya que por desgracia para nosotros "mas" o "mucho" son adverbios indefinidos que nos condenan a una frustración igualmente indefinida, donde la meta siempre se aleja y nunca se franquea al final de la carrera.
Sin darnos cuenta, desde el momento en que nacemos, vamos cediendo alegremente esa libertad absoluta con la que nacemos, y vamos invirtiendo nuestra vida, tiempo y ansias en incorporar a nuestras muñecas grilletes dorados y pesadas cadenas de plata: Compramos un gran coche y ya no salimos por miedo a que lo rayen; nos mudamos a casas mas grandes donde poder acumular mas objetos disponiendo al final de menos espacio; contratamos seguros mas caros para aliviar el creciente pavor de ser privados de tantas cosas como disponemos; dedicamos muchos años a formarnos y especializarnos profesionalmente perdiendo a los ojos de la sociedad todo "derecho" a hacer algo diferente si nos viene en gana; perdemos el sueño por no poder comprar ese nuevo aparato 100 gramos más ligero que el que ya tenemos; tiramos nuestro tiempo eligiendo entre miles de canales de televisión...Por si fuera poco, y como nada es gratis, para poder adquirir las cadenas y  mordazas de oro más exquisitas y preciosas, seguimos canjeando nuestra mayor libertad (las horas de vida) por trabajos que no llenan el alma pero si la cuenta, y pasamos el tiempo mostrando con orgullo a los demás prisioneros lo bien que nos quedan puestas.
Las sombras de la alegoría han cambiado, pero también siguen estando ahí mismo. Encadenados, no podemos disfrutar de la asombrosa realidad y nos conformamos con sombras, con sucedáneos creados por nosotros mismos que nos despiertan los pocos recuerdos que aún nos quedan de las maravillas del exterior y que nos hacen la pérdida más llevadera. No solo buscamos sombras, sino que soñamos con ellas, las devoramos. Hoy en día vemos documentales televisivos como si retrataran la vida en otros planetas, donde aparecen osos polares virtuales que ahí estarán siempre en DVD pase lo que pase con los hielos. Desde nuestra cómoda caverna, nos embarcamos en juegos de rol donde asumimos la vida de seres "extra-cavernarios" y soñamos con mundos de fantasía donde montañas épicas, grandes desiertos e interminables bosques llenos de animales asombrosos son el escenario de aventuras llenas de noches al raso y de valores no monetarios como la amistad, el valor, el honor. Soñamos con la Tierra Media, con Avalon, con Hogwarts y Tatooine sin darnos cuenta de que a la puerta de nuestra caverna se encuentra un paraíso con los paisajes, luces, amaneceres, fenómenos y criaturas más asombrosas que podamos imaginar. Tan cortas son las cadenas, que ni siquiera podemos acercarnos a nuestros compañeros cautivos, y para comunicarnos con ellos debemos hacer uso de ordenadores o redes sociales donde la persona es cambiada por un avatar o imagen pixelada y el contacto humano es canjeado por un puñado de "me gustan" o de números en un marcador de seguidores.
En ciertas ocasiones, algunos de los prisioneros decidimos hacer una incursión al exterior, y abandonamos la caverna de manera fugaz. Acostumbrados a las tinieblas y a vivir en un mundo de sombras, salimos sin embargo al aire libre con gruesas gafas de sol, que filtran lo que vemos y reducen la brutalidad del choque que supone conocer la realidad. Nos apuntamos a viajes organizados a lugares donde conocemos la realidad extra-cavernaria, que nuestras gafas se encargan de descremar mostrando un mundo alicatado desde un camino balizado. Un camino desde el que fotografiamos a nativos disfrazados de nativos y hacemos safaris nocturnos en las "selvas" de las plantaciones de palma, donde comemos hamburguesas y pizza en la taiga boreal y disfrutamos del golf en los desiertos del Namib. Estas incursiones, fugaces, breves y realizadas por turnos, terminan casi siempre por acallar toda urgencia por abandonar la caverna y son más que suficientes para saciar las ansias de libertad, al menos por un tiempo. De vuelta a la caverna, nos colocamos de nuevo los grilletes con esa seguridad de haber visto y vivido todo lo visible y lo vivible. Tachado, hecho, "done that, being there". Hogar, dulce hogar.
Algunos sin embargo salen rana, o quizás sufren de reminiscencias del pasado que atormentan sus mentes. Se preguntan por qué cuando al mirar sus manos, no ven doradas alhajas incrustadas en piedras preciosas, sino grilletes, y por qué han perdido todo interés en las sombras proyectadas, siempre las mismas y de contornos borrosos. Se preguntan porque, si teniendo ya todo lo que deben tener para ser felices, no lo son. Un día, ante los atónitos ojos de sus compañeros, regalan sus grilletes, rechazan las gafas de sol que se les ofrecen y abandonan la caverna. Fuera, descubren el olor de la hierba húmeda, sienten el ruido de la brisa en las hojas de los árboles, descubren el ruido del silencio, cuentan uno tras otro amaneceres y atardeceres, descubren el color de la sombra de la Tierra, improvisan, exploran, descubren,... y viven. Ahí fuera, olvidan su complejo de bicho raro y descubren que no están solos, que hay más gente como ellos. Entre las caras que allí ven, descubren rostros conocidos de antiguos compañeros de cautiverio que un día desaparecieron de la cueva sin dejar ni rastro y que provocaron luto y desconsuelo entre sus habitantes. También descubren gentes "atrasadas" y "asalvajadas" que parecen claramente, y de manera "inexplicable"  disfrutar plenamente de una vida en equilibrio con el medio y donde la felicidad no se mide con pertenencias, sino con felicidad misma. Nativos de las selvas, aborígenes de tez oscura, inuits de los hielos y habitantes de las estepas viven en comunión con la naturaleza, parecen formar parte de ella, dan lo que toman y toman lo que necesitan, viven vivencias y sienten sentimientos.
Tal es la revelación, tal es la intensidad de la experiencia de conocer ese mundo exterior, que como en la historia de Platón, el ex-cautivo vuelven corriendo a la caverna, sin poder esperar para contar la increíble historia a sus compañeros. Vuelve pensando que tal es la belleza y la satisfacción de estar ahí fuera, que tan pronto como sus ex-colegas de cautiverio le oigan, correrán a la salida de la cueva, entre gritos y expresiones de euforia...
Como en la alegoría platónica, el resultado no es el esperado. El ex-cautivo, cambiado, irreconocible y transformado, explica apasionadamente lo que ha vivido ahí fuera, y despierta emociones del todo perturbadoras entre sus compañeros. Algunos le escuchan con envidia y excitación, pensando en la gran suerte que ha corrido su compañero y lamentándose de su imposibilidad para seguir sus pasos, tantas son las alhajas que rodean su cuello, sus muñecas y sus tobillos, y tanto es el esfuerzo que les ha costado conseguirlas. Prefieren buscar excusas que les hagan conformarse con las sombras, que les convenzan de que la caverna, ya con moqueta y jacuzzi, no esta tan mal al fin y al cabo.
Otros, sin poder o querer creer lo que escuchan, prefieren pensar que su ex-compañero está loco, que el Sol le ha cegado los ojos y nublado la razón, y que todo lo que cuenta no son más que embustes e insultos a lo que tanto trabajo les ha costado construir. En ocasiones, llevados por la ira, llegan a matar a ese mensajero perturbador que amenaza con llenar la caverna de preguntas e inconformismo, e intentan a toda costa que ningún otro de sus habitantes abandone la cueva, para evitar que el problema se repita.
En ocasiones sin embargo, algunos, encandilados con las palabras que escuchan, deciden abandonar la caverna. A la vista de que con palabras solo no basta, y previniendo la incredulidad general a la vuelta de su excursión hacia la realidad, algunos fugitivos deciden coger una cámara de fotos con ellos, o un pedazo de papel y un lápiz, o una guitarra, o una cámara de video. Una vez fuera, maravillados, utilizan esos útiles no limitándose a retratar fielmente lo que ven, sino lo que sienten. Y crean fotografías, escritos, películas y canciones que ayuden a comprender no solo como son las cosas en el maravilloso mundo exterior, si no a comprender las emociones y sentimientos que esas maravillas despiertan al vislumbrarlas.
Aunque la verdad es aún desconocida para la mayor parte de la gente y la caverna esta aun hasta los topes, poco a poco más y más individuos sienten la necesidad de unirse a esos que, no contentos con lo que ven, o mejor dicho, con lo que no ven, deciden liberarse de sus cadenas y acercarse a la entrada de la cueva. Una vez allí, lo que ven desencadena un momento de revelación que les habrá cambiado para siempre. Y poco a poco, los que se dejan convencer convencen y las primeras grietas de la cueva comienzan a aparecer, por mucha escayola que algunos en su interior se empeñen en colocar.
Es con este grupo de parias que el humilde autor de este post se identifica e intenta cada día formar parte y convencer a otros de hacer lo mismo. Cargado con una cámara al hombro, intento todo lo que puedo "abandonar" la seguridad de la caverna, el mundo material, el mundo urbano, el mundo virtual, el mundo mundanal. E intento salir ahí fuera, "vivir vivencias" como diría el célebre alpinista Pérez de Tudela (otro paria que abandonó la caverna hace muchos años) y traerlas a la cueva para compartirlas con el resto de mis compañeros. Y lo hago, como en la historia de Platón, para intentar convencer a los que me rodean de que no es oro todo lo que reluce, o de que hay cosas que relucen mucho más que el oro. Convencerles de que lo superfluo nunca colmará la necesidad de lo necesario, y de que eso tan necesario no estará ahí para siempre si no lo valoramos en su justa medida. Convencerles, por otro lado, de que se puede soñar despierto y de que el Paraíso se encuentra, al fin y al cabo, a la entrada de la cueva. Y mientras tanto, se me ocurre que quizás para asegurar el éxito en mi tarea, necesite esa mejor cámara que acaba de salir al mercado, o comprarme ese otro trípode, hacer ese aun más exótico viaje...y me pregunto, no estaré intentando volver a la caverna, sin darme cuenta?
Rafael Rojas
Fotógrafo de la naturaleza e Ingeniero de Caminos "retirado a los 30"