viernes, 30 de marzo de 2012

A LUIS LE CUESTA CADA VEZ MÁS RESPIRAR

It was a long time ago, but here I am, with a small piece of sadness. Don´t let anybody to say how and what it supposed to be done because Max has already played the chess game for us.

A Luis le cuesta cada vez más respirar. El maldito tabaco negro le tienen hechos polvo los pulmones. Pero ya son muchos años con ese hábito, tantos que ni recuerda cuando empezó. Sabe perfectamente que debería, pero es incapaz de dejarlo.

José Maria, el médico que viene al pueblo los jueves a pasar consulta en el club social, le ha dicho “que se olvide, que no fue más, que lo deje ya”. No puede seguir fumando, y no ya por esa maldita tos que cada mañana le da los buenos días, sino por el cáncer de pulmón que según el médico le va a salir en cualquier momento y le va a matar.

El médico es una buena persona. Es joven y no termina de entender a la gente del pueblo, de éste y de otros que visita. Tampoco entiende a Luis. Porque Luis lleva muerto muchos años, algo que no ocurrió de repente, sino poco a poco, sin dolor.

                        Las lágrimas que en esta sepultura
                        se vierten hoy en día y se vertieron
                        recibe, aunque sin fruto allá te sean,
                        hasta que aquella eterna noche oscura
                        me cierre aquestos ojos que te vieron,
                        dejándome con otros que te vean.

A sus 63 años, más o menos, Luis apenas ha salido del pueblo. En dos contadas ocasiones fue a la capital, pero hace mucho tiempo de aquello, tanto que no recuerda cual fue el motivo. Sin embargo, si recuerda cuando con 17 años, pasó la revisión médica previa al servicio militar, le dijeron que tenía los pies planos y por ello se libraba de la mili. Algunos le felicitaron, por quedarse en el pueblo y poder ayudar a su padre en el campo. Para él fue el principio de su muerte puesto que sabía que era una de las pocas oportunidades que tendría para salir del pueblo.

Menor de tres hermanos, vive en la casa que fuera de sus padres, la cual a su vez fue la de los suyos y así hasta muchas generaciones. Sus padres murieron hace tiempo como él, pero a diferencia suya, Luis tiene que atender el campo cada mañana. A su padre le recuerda siempre cansado, y triste. Nunca es que fuera muy hablador, igual que él, pero en tantas jornadas que pasarón juntos de trabajo, la verdad es que apenas hablaban. Parecía como si en un determinado momento hubiera decidido revelarse de manera silenciosa contra el resto del mundo, viviendo pero sin vivir, como ahora le ocurre a Luis. Su madre era diferente, o al menos así la recuerda, con una sonrisa en esa cara tan dulce, incluso aquellos días en los que había tenido que trabajar hasta la extenuación. Y pese a la sonrisa de su cara, los ojos traslucían una tristeza, muy profunda, parecida a la de su padre. Dos almas unidas en la tristeza.

Hay días en los que Luis no habla con nadie, días en los que no baja al bar por la noche, días en los que no se cruza con alma alguna. Son días en los que su muerte se hace más evidente, días en los que sólo se queda con sus propios pensamientos.

            El lenguaje de mis sueños es cada vez más asequible. Hablo de amortesía cuando quiero demostrar afecto y suavumbre es la rara cualidad de los que hablan con ternura. Colinura, desperpecho, soñaltivo, alticovar son palabras que utilizan las gentes de mis sueños para hablarme de paisajes desconocidos y de lugares que están más allá de las barreras. Llaman quezbel a todo lo que tañe y lobisidio al ulular del viento. Dicen fragonantía para hablar del ruido del agua en los arroyos. Me gusta pensar en este idioma.

En casa Luis no tiene televisión, y nunca la ha echado de menos. Por las noches suele acostarse muy pronto, a penas se tumba y el cansancio vence cualquier pequeña resistencia antes de dormir. Por el día son muchas las faenas que tiene que atender y sólo cuando se acerca por el bar es cuando la ve. La verdad es que le causa mucha curiosidad. Los grandes edificios, gentes de diferente color y hablando otros idiomas, las guerras,…, pero sobre todo lo que más le llama la atención son las películas en las que puede ver la vida de otras personas, de parejas, de familias. No todas son felices, pero al menos parecen estar muy vivos, a diferencia suya, que se siente tan muerto.

Luis nunca ha tenido pareja, si bien es cierto que alguna relación esporádica hubo; pero por aquel entonces vivía. Relaciones que las más de las veces fueron sencillas, pues era un trato comercial, pago incluido, relaciones que sirvieron para apagar parte del fuego que sentía en su juventud, pero que según este se iba consumiendo, no fueron necesarias repetirlas.

Hay días en los que estar muerto se lleva peor, como cuando hace mucho frío en invierno, después de una nevada o cuando está totalmente calado por la lluvia. En esos días hasta a los muertos les duelen los huesos.

Luis no suele pensar en lo que va a pasar mañana. Sus tareas cotidianas no necesitan mucha preparación, son un hábito que sólo requiere duro trabajo. El mañana le va llegando poco a poco, de forma lenta y silenciosa y él sólo se tiene que dejar llevar. Puesto que Luis ya está muerto y esa partida de ajedrez no necesita jugarla ya.

            Algunos de vosotros podéis preguntaros el por qué de esta historia, la de Luis, que sin embargo es la de tantos otros. El motivo no es otro sino que algunas veces me siento un poco como Luis o algunas veces otros quieren que así me sienta, y la verdad es que resulta bastante complicado. Es cierto que no existen respuestas a todas las preguntas, es cierto que muchas veces nos dejamos llevar por nuestra rutina y es cierto que los retos nos asustan, lo cual nos acerca más y más a Luis. El miedo al fracaso o al que pensarán los otros, no debería ser suficiente. La muerte, como la de Luis, como la nuestra, es algo que indefectiblemente llegará, pero esa partida de ajedrez que como la que jugó Max von Sydow en el séptimo sello y que también nos tocará jugar, es algo que todavía nos queda lejos. Por ello es mejor ser valiente y enfrentarse a lo que venga, sentir la fuerza de la vida en cada una de nuestras libres decisiones, porque como alguien me dijo una vez: “lo que nunca te podrán quitar es tu pensamiento y sólo de ti depende que aquellas cosas que sueñas se hagan realidad, sólo de ti, recuérdalo”.

Y aquí termino este pequeño post, recomendando la lectura de “los girasoles ciegos”, un pequeño libro en el que se esconde mucho y mandándole un guiño a IP, al que le gusta que cuente cosas de mis viajes y al que espero no defraudar pues pronto volveré a viajar, y nunca se sabe,…La foto del post se la debo a mi amigo HH, que además de ser buen periodista y mejor fotógrafo, pronto tendrá que comprobar que tal se le da lo de ser padre. La poesía es de Garcilaso, otro agradecimiento para él, que estaré con Luis, allí, muerto.