Esta semana sería bastante fácil, y aburrido según George, hablar de la cadera del rey, del tiro en el pie del pequeño Froilán (el “Froilanazo” como diría el ministro de asuntos exteriores , señor Margallo: “…Argentina se ha dado un tiro en el pie con su decisión de expropiar YPF a Repsol…”, o lo que sería la adaptación “Argentina ha hecho un froilanazo con su decisión…”), del donde digo Digo ahora digo Diego y el nuevo copago en los medicamentos (y lo que queda por venir, que vaya por delante que seguro es necesario), de que las aulas en los colegios podrán albergar hasta 30 alumnos (¡qué lejos aquellos mis tiempos en los que éramos 41 criaturas en clase...!), de la frase de Mariano Rajoy: “…España saldrá adelante gracias a su capital más importante: los españoles…”, o de que el futuro gerente de la expropiada YPF y actual presidente de Enarsa, el señor Exequiel Espinosa tiene, por decirlo de manera suave, un turbio pasado, pero bueno, todo es por el bien del país, como dice Cristina Fernandez alias Cristina botox.
Éstos, y otros, son los temas que hoy en día pueden ser utilizados para escribir en un blog. Sin embargo, como yo voy un poco por libre (aunque para algunos, a veces se me ven mucho los colores), y en lo que se refiere a lafácilopinión unas veces hablo de mi amigo el de los ojos azules, otras de Luis el fumador, de viajes o de lo que cuesta mear en Londres, y las más de las veces de economía sin saber, en esta ocasión, he decidido simplemente robarle una idea a mi mujer, V, siempre ella tan generosa: La pirámide de Maslow o la jerarquía de necesidades:
En los últimos meses he sentido en primera persona, y he visto, en la gente que me rodea, un cierto desánimo. Entiendo que no es necesario explicar que muchos son los posibles motivos que lo suscitan y que puede encuadrarse en lo que Maslow definió como: la falta de consecución de las necesidades de autorrealización, es decir, el momento en el que surgen las metalopatías (¿?), vamos hablando en castellano, es el momento en el que aparece en el ser humano un cierto grado de cinismo, los disgustos, la depresión, la invalidez emocional y la alienación.
Realmente lo que he hecho es empezar por el final de la historia. La idea es que seamos conscientes de cómo han cambiado recientemente nuestro orden de prioridades. Por ejemplo cada vez llevamos más el coche a reparar antes de pensar en comprar uno nuevo o son más los conocidos, por no decir que ocurra en primera persona, que están buscando trabajo desde hace meses sin encontrarlo.
El cambio en las prioridades, con las que nos hemos dado de bruce, nos ha hecho olvidarnos de las necesidades de autorrealización, para centrarnos en lo que Maslow define como las necesidades de déficit, y que pueden verse en los 4 primeros escalones de la pirámide. Básicamente, las necesidades más “nobles” (de las que nos preocupábamos en la situación de pre-crisis) ocupan nuestra atención sólo cuando se han satisfecho las necesidades inferiores o “básicas” de la pirámide.
Entonces, ¿dónde nos encontramos cada uno de nosotros dentro de esta pirámide? Si me pongo a pensar en el/los libros que estoy leyendo actualmente: Games of Thrones por ejemplo (su autor lleva 5 libros y la historia se cierra con el séptimo, y que no pasará posiblemente a los anales de la literatura mundial, a diferencia de “El maestro y Margarita” de Bulgakóv esto va para mi amigo gafapasta RM), donde se describe un mundo imaginado con guerras fratricidas, hambrunas, frío, desolación, ausencia de valores y por ello, ausencia de valor en lo que a la vida humana se refiere, está claro que sus personajes se encuentran en los dos escalones base de la pirámide. Si nos olvidamos de los mundos ficticios y volvemos a la realidad del planeta Tierra (considerando esta como la que nos rodea en el primer mundo y olvidando a Somalia, que necesitaría su propio análisis), la verdad es que me parece que son muchos los actualmente viven en esos mismos escalones base de la pirámide, porque lo que ha ocurrido en los últimos años es que hemos ido para atrás como los cangrejos, es decir, ha tenido lugar una involución, que se ve reflejada en nuestras necesidades actuales.
Si analizamos en detalle la pirámide anterior y lo que constituyen los cuatro primeros niveles de ésta, tendríamos:
· Necesidades básicas, y que se refieren a la propia salud. Respirar, comer, beber, dormir, descansar,…tener relaciones sexuales, son todas ellas descontadas por parte de la mayor parte de la sociedad actual.
· Necesidades de seguridad y protección, que una vez cubiertas las fisiológicas anteriores serían las siguientes, como sentirse seguro (física y moralmente) y protegido, propiedad privada, ingresos y recursos,…el empleo. Aquí, en el segundo escalón ya hemos tocado hueso, puesto que muchos son los que han bajado hasta él. Personas que se encuentran en el paro y del que no consiguen salir, personas que hasta hace poco tenían una casa pero que al no poder pagar la hipoteca han sido embargados, personas a las que la sanidad no cubre,…
· Necesidades de afiliación y afecto. Una vez con la tripa llena, mantenido el puesto de trabajo y la casa pasaríamos a buscar el siguiente escalón que tiene que ver con el desarrollo afectivo del individuo. Necesidades como la asociación, participación y aceptación que se satisfacen por la propia necesidad del ser humano en relacionarse, de ser parte de una comunidad, agruparse en familias u organizaciones sociales. Amistad, compañerismo, afecto y amor.
· Necesidades de estima. Según Maslow, existen dos tipos de necesidades de estima:
i) una alta que concierne a la necesidad de respeto a uno mismo, e incluye sentimientos tales como la confianza, competencia, independencia, libertad,…;
ii) una baja que concierne al respeto de las demás personas o necesidad de atención, reconocimiento, reputación, estatus, fama, gloria,…
Cuando estas necesidades se ven satisfechas el sentido de la vida y la valoración como individuo avanza hacia la autorrealización, es decir el último peldaño. En este punto nos hemos encontrado muchos hace algunos años, pero ahora estamos buscando nuestra nueva posición.
Y por fin en ese último nivel tan codiciado, se encuentra la autorrealización o la necesidad de ser, también entendida como una motivación personal de crecimiento. Cuando todos los niveles anteriores se han cubierto, el ser humano tiene una necesidad psicológica más elevada mediante la cual busca la justificación y sentido a su vida. Es posible que muchas sean las personas que consideren que han alcanzado este último peldaño, aunque en los últimos tiempos sean los menos los que posiblemente levanten el brazo para decir: “aquí estoy yo”.
Y, ¿cómo entiendo yo que son las personas que se encuentran autorrealizadas? Vaya por delante que este blog se basa en opiniones personales, que pueden ser correctas o las más de las veces erróneas, pero como tal no dejan de ser opiniones. Entiendo la autorrealización personal como el estado que se alcanza, como persona, cuando: se centra uno en la realidad, en los problemas corrientes, cuando se diferencia lo falso de lo real y genuino, cuando se afrontan los problemas en virtud de las soluciones, cuando se percibe el verdadero significado de las cosas. La persona autorrealizada se siente cómoda consigo misma, tiene necesidad de la privacidad (qué buenos son esos momentos en los que uno puede reunirse consigo mismo y sus pensamientos), es inconformista y no es susceptible a la presión social, tiene sentido del humor (a ser posible haciendo bromas sobre uno mismo o sobre la condición humana en general), no es pretenciosa, sino creativa, original y con una clara tendencia a vivir con más intensidad las experiencias. Vamos, el estado perfecto!
¿Cuántas personas se os ocurren que reúnan estas características? Zapatero seguro que no Chechu, pero eso lo tenemos descontado ya. Mouriño tampoco, aunque pasta cobra un rato. Emilio Botín, inconformista seguro que es pero las demás características, a lo mejor no las cubre por poco,…En definitiva, me parece que debemos como personas intentar alcanzar el próximo escalón, cada uno en su nivel, puesto que todos no necesitamos ser Einstein o Gandhi, pero sí que podemos intentar aspirar a ser felices. El problema se encuentra cuando no tenemos buenos cimientos por abajo y tenemos que preocuparnos por las necesidades básicas. Ahí es cuando aparece el desanimo y las preocupaciones, el derrotismo y la rendición.
Porque yo me niego a rendirme, como otras veces he dicho aquí. Porque aunque emocionalmente me encuentre a veces jodido, no creo por otra parte tener derecho a quejarme, porque a diferencia de otros que son cercanos a mí las necesidades básicas las tengo cubiertas. Porque la propia idea y el objetivo de superación me gusta, y porque la naturaleza humana al nivel de cada uno es capaz de que demos los mejor que tenemos, y por mis amigos, mi familia y mi mujer, especialmente por ella, porque no tengo derecho a bajar los brazos y sí la obligación de superarme, como persona y como ser humano de intentar autorrealizarme.
Ah, y viva Maslow!


