¿Qué ocurre cuando nos damos por rendidos, cuando bajamos los brazos, cuando no tenemos fuerzas para seguir luchando más? ¿Qué ocurre cuando escuchamos todos los días que no existe solución, cuando nos dicen que las cosas van a ir a peor, o que estamos en la mayor crisis conocida? ¿Qué nos queda entonces, cuando el derrotismo se apodera de nosotros? Nada, el vacío.
Dura es la caída,
mayor dolor es no poder levantarse.
El que se cae, al menos tiene una posibilidad,
y sólo de él depende decidir que hará.
¿Luchar y seguir hacia delante,
o rendirse y dejarse llevar?
Esta mañana cuando empecé a hojear el periódico me di cuenta de que para algunos el final ya está escrito. El rescate o la “asistencia suave” es inminente y sólo nos toca discutir las durísimas condiciones que nos van a imponer los “hombres de negro”. Como ejemplo, nuestro presidente, el cual parece ser el primero que ha rendido la nave, o al menos esa es la sensación que a mí me queda. Posiblemente se irá de vacaciones, cansado pero con una decisión tomada. El sistema le ha vencido, su propio partido, la oposición, en resumen todo el conjunto de parásitos políticos que le rodean. Esas sanguijuelas que son la casta política y que nos niegan tener una posibilidad de mantener la autonomía que este país se merece, por pasado, por presente y por futuro.
Si es cierto que vamos a ser rescatados, solos o con Italia, o que somos un país sin solución, seguro que ya falta poco para que se vea. Mientras, sin embargo, y por llevar un poco la contraria, a mí me gustaría ver todo desde una perspectiva diferente, la del vaso medio lleno, aunque sólo sea para dar un poco por saco a toda la casta política parasitaria, a la que sin embargo seguro que le importará un pimiento lo que yo piense, o lo que pensamos los ciudadanos que cada día nos levantamos para intentar luchar por lo que consideramos es justo y digno, la libertad como país y como personas.
Para poder seguirme en este razonamiento, es recomendable escuchar una canción, a ser posible a la vez que leéis este post (pincharla y volver a empezar el post pues es recomendable hacerlo): http://www.youtube.com/watch?v=HLDtAsguhgw , se trata de una canción del 2009, “search your heart” de Pete Yorn & Scarlet Johansson, y que la cual he escogido por dos motivos: i) porque me anima cada vez que la escucho y por ello quiero compartirla con vosotros, y ii) por su título: “busca tu corazón”.
Puede parecer en principio una tontería, pero yo quiero creer que no lo es. Son muchas las ocasiones en las que me pregunto si nos olvidamos de que los seres humanos, todos, sean buenos o malos, tienen un corazón. Ese órgano que tan importante es para vivir, incluso para aquellos que parece que no lo tienen, es a la vez algo de lo que en ocasiones nos avergonzamos. Yo, por mi parte, soy una persona sensible y la verdad es que no tengo miedo a decirlo. Mi corazón es a la vez mi punto débil y mi punto fuerte. Cuando me han hecho daño es el que más lo ha sentido, cuando ha recibido cariño también es el que mejor lo ha llevado. Además, y no menos importante, es el que me da la fuerza cada día. Para cuidar a mis seres queridos, para preocuparme de mis amigos, para sentir lo que nos pasa actualmente. Al final es el que me permite ver el vaso medio lleno.
¿Y por qué, os preguntaréis algunos, de esta idea de lo que el corazón puede o no puede hacer en nosotros? La verdad es que mientras todo parece que peor va, es cuanto más cuenta me doy que es el propio ser humano el que magnifica todo. Cuando las cosas nos van bien no paramos de demostrárselo a todos los que nos rodean, regodeándonos a veces en exceso de ello. Cuando las cosas nos van mal, sin embargo, estamos todo el rato lamentándonos, ya sea por nuestra mala suerte o por aquello perdido y que por justicia pensamos nos pertenece. Pero realmente, ¿sabemos cuándo nos van las cosas mal y cuándo nos van bien?
It depends on...you. La verdad, es que al final siempre depende de nosotros mismos. Mi opinión es que las cosas siempre nos van bien en general, pues existe un equilibrio. Cierto es que algunas veces nos quedamos sólo con la peor parte, como puede ocurrir actualmente, pero olvidamos todo lo bueno que hemos pasado y seguro nos volverá a pasar. Como ejemplo, me gustaría compartir con vosotros de qué manera me parece vivimos esa dualidad entre cosas malas/cosas buenas, y en el que al final de cada uno depende ver el vaso medio lleno o medio vacío:
Este último mes ha sido muy duro. Mucho. Malas noticias en la prensa, en la televisión, en la radio. Llegado el momento, los problemas han afectados a personas muy cercanas. Con ello, he sido espectador de muchas circunstancias que me han ayudado a relativizar el momento que vivimos. Por ejemplo, todo empezó con uno de mis mejores amigos de la universidad, al que le dijeron que estaban preparando un ERE en su empresa, una de las mayores constructoras/empresas energéticas de España. Cerca de 1.150 personas más prejubiladas o al paro. Cierto es que la situación es insostenible, pero por ello no deja de ser menos dolorosa. El sistema que durante tantos años tan buenos resultados les dio a algunos, ya no se sostiene. Cuando todavía estaba esperando a saber cómo iba a afectar a mi amigo dicho ERE, en esa misma semana, otro amigo común de la universidad me dice que les han comunicado desde su empresa, otra constructora, más pequeña en este caso (SEOPAN), que les van a bajar el sueldo, pudiendo llegar a cobrar lo estipulado el convenio. En otras palabras, una bajada que puede ser de hasta un 50% del sueldo. Puede parecer afortunado porque al menos conservar el trabajo. Pero la realidad es que esto sólo puede ser el principio para otras medidas posteriores más drásticas. Ambas noticias aunque pésimas, no dejan de ser tónica de lo que ocurre a tantas y tantas personas en la actualidad, y parece a lo que nos hemos ido acostumbrando poco a poco.
Por que cuando la espiral negativa empieza a moverse, es difícil que pare, eso también es algo que me he dado cuenta hace tiempo. En paralelo, otra de las personas a las que más aprecio y admiro en mi vida, una sorpresa de amigo que aunque llegó tarde, se ha mantenido muy cerca de mí últimamente, y el cual espero que siga por mucho tiempo allí, lo está pasando mal. Él es muy fuerte, y desde fuera apenas se le nota, pero por dentro yo sé que sufre. Su mujer, un cielo de persona, M, que lleva luchando durante muchos años, ve cada vez más complicado su trabajo y tiene mucho miedo por lo que pueda pasar. Si esto no es poco, su padre está enfermo y cada vez se encuentra peor. Se trata de una de esas malditas enfermedades que a tantas personas se ha llevado, tantas vidas en plenitud, tantos sueños rotos, que poco a poco van consumiendo la vida y que obstinadamente te impiden disfrutar un poco de esa vida que está a punto de robarte. Mi amigo, hace unas semanas, me dijo que le veía cada vez más débil. Su padre, a su vez, se está dando cuenta de que el reloj estaba corriendo cada vez más deprisa para él. En esa situación, poco se puede hacer, quizás disfrutar de unas buenas vacaciones en Cádiz, con su nieto por ejemplo, y en definitiva apoyar a estos seres queridos y dar gracias por el tiempo que cada uno tenemos, y que debemos vivir lo más intensamente posible, al menos como tributo a los que se irán.
Y lo que por justicia parecía que debía ser suficiente, no lo fue. El padre de otro buen amigo, A, ha fallecido esta semana. Cierto es que también había enfermado de cáncer hace un par de años. Igual de cierto es, que eso permite que la familia se vaya haciendo a la idea de lo que por ley de vida nos llega a todos, la muerte. Pero no por ello deja de ser menos doloroso.
Aquí, sin embargo, en este punto preciso es donde quiero empezar a ver el vaso medio lleno, donde quiero empezar a relativizar un poco toda la situación que nos rodea. Mi amigo, A, a la vez que este duro golpe ha significado la pérdida de su padre, hace poco ha vivido una de las que debe ser de las mejores experiencias posibles para un ser humano. Ha sido padre de gemelos, sí, de dos criaturas. ¿Cómo es posible que en menos de un mes puedan darse ambas situaciones y como ese corazón del que antes hablé es capaz de soportarlo? El padre de mi amigo, abuelo de sus hijos, enfermo desde hace un par de años, había aguantado luchando contra su enfermedad, con un único objetivo: conocer a sus nietos. ¿Qué puede haber más ilusionante que eso? Una vez disfrutó de ellos, aunque fuera brevemente, posiblemente decidió que era hora de partir, tranquilo y feliz, aunque pueda parecer complicado, pero así quiero yo entenderlo.
Pero no sólo han nacido los gemelos de A y N, su mujer, también otro amigo de la universidad y un compañero del trabajo, B y AJ, han sido padres esta semana. A estos amigos, pronto se juntará un cuarto, David, que está esperando igualmente que nazca su hijo. Todos ellos, los cuatro, aunque a veces puedan ver las cosas complicadas, harán todo lo posible para reponerse y luchar, aunque no sea por ellos, sino por sus hijos.
¿Qué puedo concluir de esta combinación de malas y buenas noticias? Desde mi punto de vista lo único que representan es la propia esencia del ser humano, ese que es capaz de lo mejor y de lo peor. Cuando hablamos de retos, nadie puede compararse con la capacidad de superación del hombre. Como ejemplo pueden servir los deportistas que están en Londres compitiendo en los juegos olímpicos. Estas mujeres y hombres se preparan durante 4 años para un momento efímero de gloria, que en muchos casos y en muchas culturas acaba en fracaso. Si somos, bueno mejor dicho, si nuestros deportistas son capaces de semejantes hazañas, ¿por qué no vamos a ser capaces el resto de los seres humanos de un pequeño gesto? Otro ejemplo, el griego que lleva en el paro desde 2009, pero que después de una temporada de estar encerrado en su casa decidió salir y ayudar a los que más lo necesitaban. Cada día, con la ayuda de otras personas que le facilitan los ingredientes, sale a cocinar para unas 30 personas en la calle. Cada vez en un sitio diferente, en un barrio distinto, los cuales cada vez son más. Esta muestra es otra más de lo que somos capaces de hacer y por lo que nos merecemos esa oportunidad.
En esa parte es donde nos toca a cada uno jugar. Yo prefiero quedarme con la idea de que al menos hemos luchado, y no nos hemos rendido, aunque muchos sean los obstáculos que se nos presentan. Los despidos, recortes, paro juvenil, subida de impuestos, incremento de la edad de jubilación,..., no dejan de ser situaciones transitorias que unas veces nos son más favorables que otras. Eso sí, mientras, al menos tenemos que ser honrados con nosotros mismos. Este no es el momento de ser cobardes. Tenemos que saber que las reglas son las mismas para todos y empiezan por nuestra propia honradez. Nos debemos a nosotros mismos un esfuerzo para ayudar a los que más lo necesitan y si es necesario tampoco pasa nada por apretarse un poco y evitar hacer excesos que en otras épocas de bonanza eran tan reconocidos socialmente.
Ahora y sólo ahora es cuando nos toca la hora de la verdad. Al ser humano por su propia naturaleza al final sólo le queda la muerte, pero no debemos olvidar que mientras, tenemos la fortuna de tener hijos y es con ellos con los que nuestra deuda es la mayor. No debemos olvidar a Alvaro, Benjamín, Antonio, David, Alberto, y tantos otros que luchan cada día por que sus hijos puedan tener lo que justamente se merecen. No debemos rendirnos, pues el final escrito está y sólo de nosotros depende lo que hagamos en el camino. Porque ahora es cuando debemos ver el vaso medio lleno, alegrarnos de que al menos podemos luchar, porque nos lo merecemos y es algo que no pueden ni deben negarnos, nadie.
Para terminar, me gustaría felicitar a RME, por su 36 cumpleaños, esperando que pueda venir cuanto antes para celebrarlo con nosotros, y mientras nos quedamos con una recomendación musical suya: CLOUD NOTHINGS y su disco “Attack on Memory” que viniendo de él, es siempre garantía de calidad.