sábado, 22 de diciembre de 2012

22 / 12 / 2012 EL MUNDO NO SE HA ACABADO...TENDREMOS QUE SEGUIR INTENTANDOLO

Una profecía es un “don sobrenatural que consiste en conocer por inspiración divina las cosas distantes o futuras”.

Mientras escribo este post, ni el mundo se ha acabado, ni me ha tocado la lotería de Navidad. La verdad es que no esperaba que ni una ni otra hubiera ocurrido, pero ya sabéis eso que se dice: “la esperanza es lo último que se pierde”.

Algunas profecías se cumplen, otras simplemente nosotros ayudamos a que se cumplan. Por ejemplo, ya hubo hace unos años quienes predijeron que la situación que actualmente vivimos, es decir, la horrible y maldita crisis, iba a tener lugar. Lo que ya no sé es, si fue simplemente la inspiración divina la que les susurro al oído los males que nos esperaban, o era algo sencillamente obvio. Pero por otra parte, y se puede decir que casi en paralelo, hubo otros que con duro trabajo se pusieron manos a la obra para llevarnos a dicha situación. Los Díaz Ferrán, Blesa, Hernández Moltó, Fernando Martín, el “Pocero”,..., y tantos otros que ayudados por los ZPs, Fabra y compañía nos han acercado más que nunca a los Mayas y sus profecías.

Por seguir hablando de profecías, esto me recuerda a los dos abuelos, Isidro y Moisés, ambos de Soria, a los que grabaron en 2007 y que mediante “su particular predicción”, ya nos decían que era lo que nos esperaba. Adjunto el enlace pues aquellos que no hayáis podido verlo, seguro que os gustará, y para los que ya lo visteis, solo recordar alguna de sus máximas: i) la gente joven no hace más que derrochar; ii) yo si no tengo dinero, pues no lo compro; iii) no hace falta estudiar Economía. El hombre que gana 5 duros y gasta 1, eso es economía. El que gana 5 y gasta 6, eso no es economía. Eso es la Economía verdadera; iv) de lo malo a lo bueno se va bien, pero de lo bueno a lo malo, qué mal se va a ir, y eso es lo que va a venir. http://www.youtube.com/watch?v=t9CYOIl_EpY

Supongo que muchos de vosotros entenderéis la pequeña diferencia que existe entre lo que los Mayas profetizaron hace más de 5.000 años, y lo que hace unos 5 años los dos abuelos de Soria intentaron explicar cómo Economía. Bien es cierto que a los segundos les resultaba más sencillo acertar, e igual de cierto es que para todos nosotros mejor cuenta nos ha traído que los primeros no acertaran, pero si enlazo ambas y las llevo hasta el pasado más cercano, exactamente a la semana pasada, eso me permite hacer alguna reflexión.

¿Qué haría yo si supiera que el mundo se va a acabar en una semana, o mejor, en un mes?

Mientras hacía esta reflexión, un compañero de trabajo me llamó ayer viernes, para contarme el mal rato que había pasado ese mismo día. Había tenido que despedir a un trabajador, con dos niños pequeños y con la mujer en el paro. Este año lleva despedidos a más de 20 personas y no consigue superar el mal rato que pasa, el dolor que siente por dentro cada vez que lo hace. Además, su jefe le dijo que podía haberle despedido el 7 de enero, no penséis que para dejarle disfrutar las fiestas, no. Simplemente era porque le quedaban 8 días de vacaciones y así se ahorraban pagárselas.

El mundo no se ha acabado, pero nos estamos esmerando en hacer que sea insoportable su vida en él.

El concepto de temporalidad que tenemos como personas, muchas veces juega en contra nuestra. La educación que hemos recibido, los valores aprendidos, los sueños, la familia,..., todos ellos son fundamentales para analizar qué somos y cómo nos gustaría terminar si fuera esa semana o mes la que nos quedara, pero también ejercen de ancla, de lastre para hacer ciertas cosas. Cada uno puede hacerse su propia composición, y la verdad creo no es un mal ejercicio. Yo por mi parte me gustaría compartir con vosotros parte de la reflexión que he sacado en dicho análisis.

                El mundo de acaba y sólo tengo un mes. Esta vez es cierto, no se trata de una simple profecía. Olvidemos cualquier tipo de anarquía humana como reacción a dicho final. Por hacerlo más sencillo sería una de las pocas personas que supiera la verdad. Debo deciros que la primera reacción que siento es un tremendo vértigo, pues muchas son las cosas que todavía creo me faltan por hacer. Haber estado preparándome durante tanto tiempo para que todo se pueda terminar en un mes me provoca miedo, mucho.

                Primera reflexión: “la temporalidad de la vida humana es un lastre”.

                Como seres humanos estamos preparados en la sociedad actual para vivir una media de 70 años, de los cuales 40 aproximadamente son en plena capacidad. Los otros 30 somos dependientes de una u otra manera. Es por ello que no terminamos de entender por qué un árbol tarda en crecer cientos de años, pero tampoco podemos imaginar que sólo nos quede un mes antes de que el mundo se acabe. Son muchas las cosas que me quedan por hacer, pues el libro que es mi vida está escrito a la mitad y todavía no lo terminé.

                Segunda reflexión: “la sinceridad es inversamente proporcional al tiempo”

                Soy realmente sincero con las personas que me rodean? Entiendo que con V, mi mujer, si lo soy. Con mis padres, mis amigos. Creo que sí, lo soy, o por lo menos tanto como no represente dolor para ellos. Si pasamos a los “coincidentes laborables”, como gusta de llamarlos una amiga, o simplemente los conocidos, posiblemente seamos mucho menos sinceros. Plantear una relación profesional en la que es necesario verse durante un largo periodo de tiempo, necesita que aparquemos parte de esa sinceridad que en determinadas ocasiones puede herir. Visto así, creo que sería muy sincero, totalmente. Diría todo aquello que pienso, sobre todo para ser justo conmigo mismo.

                Tercera reflexión: “el dinero es la red que utilizamos mientras estamos en el trapecio que es la vida”
                 El dinero es necesario para vivir, pero no debe nunca ser nuestro fin último. Al quedarme solo un mes de vida, podría gastarme todos mis ahorros. Podría comprarme una moto, tirarme en paracaídas, viajar por todo el mundo, ir a África. Nuestra vida sin dinero puede ser una terrible pesadilla, pero el dinero deja de ser importante cuando apenas nos queda tiempo de vida. Otro amigo dice que “no quiere que le entierren en dinero” y por eso intenta darse los caprichos que se merece. Y al final parece que somos nosotros los que nos ponemos muchas de las limitaciones relacionadas con el dinero. El mejor coche, la mejor casa, las mejores marcas, cenas en restaurantes, o como dicen los abuelos de Soria un “cubalibre por 700 pesetas”.  Pues volviendo a ellos, la verdad es que si lo que tienes es sed, lo mejor es beber agua, que no creo llegue a costar esas 700 pesetas.

                Cuarta reflexión: “la felicidad puede encontrarse mañana, no es necesario esperar a dentro de un año” 
                Cada día es una oportunidad para ser feliz, una oportunidad única. La felicidad tiene muchas formas, un té caliente cuando hace fría, la lectura del libro 2666 de Roberto Bolaño mientras en la calle está lloviendo, un beso en la mejilla de la persona que amas, el viento en la cara en lo alto de una montaña que has escalado después de un duro esfuerzo, la película Amelie en compañía de la que puede ser tu persona especial, un partido de baloncesto, una comida con amigos, una copa de G&T en la Alhóndiga con amigos, la ópera, correr durante una hora y luego ducharte, el mar,..., el mar. Aunque la verdad pueda parecer difícil, creo que no lo es. Para mí por ejemplo el simple hecho de poder escribir este post me genera felicidad. El poder compartir mis pensamientos y llevarlos hasta una hoja, la sensación de que mi mente fluye.

                Podría seguir reflexionando y encontrando motivos para disfrutar al máximo ese mi último mes de vida. Seguro que vosotros podéis hacer lo mismo. Sin embargo, parece que de momento tengo más de un mes para hacer todo aquello que debo hacer. Mi intención es seguir siendo fiel a mis valores, a mí mismo y a los seres queridos que me rodean. Seguiré utilizando la red de seguridad que el dinero me provee, pero la haré más fina. Me sinceraré con todos aquellos que me lo piden a gritos cada día y sobre todo no pensaré en el tiempo, pues se trata de un tesoro que me pertenece, el tiempo de mi vida, pues siendo mío quiero utilizarlo bien.

Para todos aquellos que leáis este post, me gustaría desearos unas felices fiestas. Y recordaros que siempre que llueve, al final termina por escampar. Creo sinceramente que dentro de unos años estaremos mejor de lo que estamos hoy en día.

Muchas felicidades