lunes, 29 de abril de 2013

¿Y SÍ AL FINAL, NOS ENCONTRAMOS ANTE UN “CATCH-22”?


Tic, tac, tic, tac,…, el tiempo se nos acaba, las mentiras son cada vez más difíciles de ser creídas. En cualquier momento la música de fondo parará de sonar y alguno se quedará sin silla.

El último consejo de ministros, el del pasado 26 de abril del 2013 ha sido la puntilla. El gobierno, el de la mayoría absoluta, definitivamente ha tirado la toalla. Se ha quedado sin ideas, si es que en algún momento las tuvo. El “trio calavera” formado por Montoro, de Guindos y Santamaría, salieron a explicarnos que esto va para largo. El desempleo seguirá creciendo en al menos 700.000, y se dice pronto. De qué sirve volver a recordarnos que 5 de los 6 millones de parados estaban durante el gobierno de ZP? Para qué defenderse de los “amagos de ataque” sufridos por un jefe de la oposición, Rubalcaba, que antes fue juez y parte del embrollo en el que andamos metidos? Escraches, abortos, desahucios, EREs y otros Bárcenas, no hacen sino recordarme esa suave niebla que precede a la salida del grupo de música en un concierto (seguro que KISS la usaba), con la diferencia que ahora tiene por objetivo intentar confundirnos, para que no los veamos; a ellos. Burdo truco diría yo. Pues me parece que esta vez no va a ser tan fácil confundir a los que otorgaron la mayoría absoluta al gobierno actual.

Sirva como ejemplo el periódico El Mundo, y a John Müller entre los que allí escriben, de este sábado 27 de abril del 2013. Parece que eso de que el presidente del gobierno, el señor M, no haga nada, es decir, nada de nada, empieza a preocupar a algunos. Que El Confidencial, y las mentes librepensantes que allí escriben nos sirvan “al pueblo” como una válvula de escape o incluso una bocanada de aire fresco, ya es algo que sabíamos desde hace tiempo. Pero que Pedro J. y toda su maquinaria ataque, vamos, diga la verdad, tan abiertamente al gobierno, en esta su aventura hacia ninguna parte en la que nos ha embarcado a todos, es cuanto menos sorprendente.

Y por qué digo esto, se preguntarán algunos. Muy sencillo, pues porque muy a mi pesar, tengo la impresión de que los que nos debían sacar de esta, o al menos sentar las bases para la recuperación, se han rendido. Peor, creo que se han “acojonado”. La maquinaria es demasiado poderosa incluso para los que fueron elegidos para cambiarla o dicha maquinaria es poseedora de algún “secretillo” que bien podría llevar a más de uno a su ruina. Situaciones como la de los 213 consejeros de la alcaldesa Ana Botella, 6 veces más que los del alcalde de París, se repiten por una y otras instituciones. De qué sirve que parezca tan claro y necesario una reforma de nuestras instituciones?, una reducción de costes innecesarios?, aunque eso signifique poner en la calle a los que luego pegan carteles en la campaña electoral, de qué sirve tener otra oportunidad después de las que pasamos en el 2012 con el rescate a bancos y la prima, la de riesgo en máximos históricos (689)?

Esta claro, que mejor es no hacer nada, total sólo pagamos 20.000MM€ al año en intereses por eso que llaman “deuda”. Acaso no nos merecemos algo mejor? En qué democracia de país civilizado, en el que además existen más de 6 millones de parados, podemos imaginar que el presidente del gobierno se encuentre completamente desaparecido? A mí me parece una completa tomadura de pelo. Como sigamos así hasta lo de Italia me va a parecer mejor.

Y por aquello de que no sólo de subidas de impuestos y recortes se vive, ni tampoco el mantra Keynesiano puede que sea la solución, me gustaría recordar un libro que leí hace tiempo, el cual me parece de buena aplicación contra la receta de aquellos que piden inyectar, endeudar, activar la economía al precio que sea, mala receta opino yo si previamente no tenemos un presidente de los de verdad, que utilice con valor la mayoría que se le concedió para mejorar lo que teníamos, reduciendo gastos con la tijera de podar.

Dicho libro se llama “Catch-22”, famosa novela, como digo, escrita por Joseph Heller y publicada en 1961, que a su vez dio lugar a una expresión coloquial del idioma inglés conocida como “entrar en un catch-22”. Esta expresión sirve para definir una situación problemática para la que la única solución que existe es negar la circunstancia inherente al propio problema. Dicho de otro modo, se trata de una situación sin salida, algo en lo que parece que España, y posiblemente la UE, se encuentra últimamente. Si España, Italia, Francia,…, tienen cada vez una mayor deuda, y un menor PIB, parece que la mejor solución para algunos, los “iluminados keynesianistas” los llamaría yo, es seguir inyectando dinero, activar así la economía, crear empleo, aumentar el consumo privado, una mayor liquidez, incrementar el ingreso fiscal a la vez que disminuyen las transferencias del estado (por ejemplo subsidios al desempleo). El problema es, como antes comenté, si no cambiamos nada de las instituciones y sistemas hipertrofiados que tenemos actualmente, la deuda seguiría aumentando y llegando a esa situación sin salida o catch-22, en la que otras naciones como Japón han estado los últimos 20 años, pero como dice Lacalle, sin tener una Sony.

Estamos jodidos amigos, bastante jodidos. Gobierno inútil aparte y referencias literarias del pasado que sirvan como ejemplo, lo que cada vez parece más claro, es el callejón sin salida en el que algunos nos quieren meter.

Imagino una situación ideal, en la que el presidente tuviera el valor para no pensar en su futura re-elección, para olvidar el partido político al que pertenece. En dicho sueño, el presidente advierte a sus ministros que lo de los “escraches” va a ser una broma para lo que les espera. Advierte que todos aquellos que tengan un trapo sucio, o incluso un cadáver en el armario, mejor que den un paso al frente para que sean sustituidos por otros más “limpios”. El presidente, consciente de que el veneno está dentro del propio sistema, ha decidido llegar hasta el final. No tiene miedo ni de las posibles revueltas internas que vivirá en su partido, ni en el congreso, ni entre los más cercanos. Ahora toca reducir el número de ayuntamientos, unificar atribuciones entre diputaciones y comunidades autónomas. Toca eliminar sociedades públicas deficitarias, vender aquellas sociedades rentables, toca reducir drasticamente el gasto, bajar los intereses que se pagan. Asesores, gerentes, directores, vocales,…, todos aquellos que no sean capaces de aportar al sistema deben desaparecer. Imagino un presidente que salga a explicar las medidas, por duras que sean, que sale a la calle y la gente puede verle. Es un presidente de carne y hueso, no es una pantalla de televisión. El presidente de mi sueño tiene un equipo de ministros preparados, ministros que no están pensando en el consejo de administración que les contratará en el futuro. Se trata de un equipo preparado, consciente de la importancia del momento. Mi presidente tiene claro la importancia que tiene, además de la reducción del gasto, la liquidez del sistema. Las Pymes, esas que serán las primeras en generar puestos de trabajo, están al borde de la extenuación. Sin capacidad para financiarse de la manera tradicional (recordemos que los bancos sólo han estado prestando a las grandes corporaciones y al propio estado) y con unas administraciones públicas que no pagan sus deudas, el futuro es cada vez más oscuro. Uno de los ministros entiende que deben buscarse nuevas fórmulas (por ejemplo bonos corporativos). El presidente sabe que no va a ser capaz de solucionar todo, pero también sabe que lo más importante ahora es cambiar el ciclo. Una reducción del gasto, acompañada con el pago de menores intereses, un aumento de la contratación, un mejor balance fiscal, serán más que suficientes para cambiar la tendencia y sentar unas bases sólidas. Lo que venga, o el que venga después deberá seguir su trabajo. Él estará muy “quemado”, tendrá muchos enemigos. Mi presidente, el de mi sueño, tiene convicciones, ah, lo olvidaba, mi presidente habla inglés.

De ilusiones también se vive, y no existe tormenta que dure toda la vida. Estos deberían ser motivos más que de sobra para que fuéramos optimistas. En lafacilopinión no está permitido pensar de otra manera, por lo que seguiré viendo el vaso medio lleno, sueños aparte.