DOS PEQUEÑAS HISTORIAS DE LONDRES (I de II)
TWO SMALL PIECES OF LONDON (I of II)
La semana pasada estuve en el Reino Unido por motivos de trabajo, concretamente tenía una serie de reuniones en varias ciudades, y como os podéis imaginar hizo mucho frío, viento y por supuesto, lluvia. De regalo me he traído un constipado del 10 pero mientras estuve allí, en busca de mi resfriado, pude visitar Cambridge, Manchester y Croydon. En particular, este último lugar posiblemente os sonará por alguna de las impactantes imágenes que pudimos ver este pasado verano, en agosto, y a los que no os suene, seguro que si recordaréis las revueltas populares que tuvieron lugar en Inglaterra por esas fechas.
Para los que no lo sabéis, Croydon es una ciudad cercana a Londres. En realidad pertenece a lo que se conoce como el Gran Londres, y en lo que a mí se refiere, debo reconocer que era la primera vez que estaba por allí. En dicha visita, apenas pude apreciar restos de aquellos disturbios que se vivieron, al revés, lo único que observé fue normalidad: gente paseando, preparando sus compras de navidad, o simplemente saliendo de oficinas en busca de un lugar donde comer (recordemos que allí están los headquarter de Nestlé, Sony,…). Pese a toda esta normalidad, los que son de aquí, de Londres, me comentan que aquellas revueltas vividas fueron terribles y que realmente pasaron mucho miedo (parte de las revueltas se pararon a 100m escasos de algunos negocios de mi empresa en Croydon). Igualmente, estas personas me dijeron que Croydon es un sitio complicado, que no tiene nada que ver con Chelsea, Kensington o la bella zona de Bloomsbury en Camden. Parece ser que no es el mejor lugar para perderse por la noche, donde puedes ver a grupos de jóvenes trapicheando en las esquinas, algo que por mi parte, la verdad, tampoco tuve intención de comprobar y di por bueno.
A partir de esa visita, empezando por Croydon y sus revueltas, he querido hacer un post basado en mi visita a UK, pero que siguiendo el consejo de un buen amigo (JCS) dividiré en dos partes, pues trata de dos temas distintos pero con un elemento común: Londres. Este buen amigo me ha recomendado igualmente para futuros posts, intentar ser un poco más directo, más conciso, evitando largos razonamientos que a veces pueden llegar a perderme y lo que es peor, perder a aquellos que me leéis. Por ello, creo que ahora es una buena ocasión para intentarlo, aunque no prometo mucho, sobre todo por mi naturaleza rebelde, que aunque está bastante bien controlada, a veces consigue vencerme
Revuelta popular en Croydon, un largo y cálido verano
Seguro que muchos de vosotros recordáis las imágenes de las revueltas este pasado verano en Inglaterra. Empezaron en Tottenham, el 4 de agosto, cuando un joven, Mark Dugan, fue disparado por la policía, para luego ir extendiéndose rápidamente apoyadas por las redes sociales, a Birmingham, Bristol, Liverpool y Londres entre otras. Concretamente, en el pasado “The Long, Hot Summer” (http://www.filmaffinity.com/es/film776226.html) pudimos ver edificios y coches en llamas, jóvenes asaltando tiendas y una ausencia total de cualquier tipo de orden y autoridad que contuviera a las turbas enloquecidas. Posteriormente, muchos han sido los análisis que se han hecho por autoridades, sociólogos, periodistas,…sobre los motivos de dicho levantamiento.
Algunos culpan a los malos ejemplos actuales de la sociedad inglesa, como pueden ser los jóvenes futbolistas multimillonarios que sin ningún complejo y poco sentido de la responsabilidad (y ningún sentido común) exhiben sus carísimos coches o tienen relaciones con las mujeres de sus compañeros de equipo sin despeinarse. Un ejemplo perfecto podría ser Ravel Morrison, joven futbolista de 18 años que juega en el Manchester United, y que ya tiene un pasado complicado, acusado entre otras cosas de robo o de pegar a su madre y a su novia (ver artículo de John Carlin: http://www.elpais.com/articulo/deportes/fenix/cenizas/elpepidep/20111127elpepidep_12/Tes).
Otros simplemente dicen que se trataba de vulgares ladrones que pensaban que no iban a ser cogidos al estar protegidos por la masa. A mí, sin embargo, me recuerda aquella fantástica película, que supongo muchos de vosotros habréis visto (lo siento JCS, si no lo has hecho, ya tienes deberes para el 2012), llamada Quadrophenia
y en la que además del apoteósico final en el que la moto cae por el acantilado, no puedo por menos dejar de recordar la revuelta en Bristol, batalla campal en la ciudad entre Mods y Rockers, con un joven Sting muy bien caracterizado. Con ello quiero decir que me parece algo que está dentro del gen británico, para lo bueno y para lo malo y que por ejemplo posteriormente, y muy en la línea del estilo British, deriva en un aquí no ha pasado nada que termina con el gobierno encargando una auditoría externa para saber que había ocurrido, vamos, para buscar culpables. En dicho estudio la policía no salió muy bien parada, pero bueno, ya se sabe que siempre que se buscan culpables alguno se encuentra.
Realmente parece como si en estas grandes urbes del mundo (recordemos que estamos hablando entre otras de la próxima ciudad que organiza las olimpiadas en 2012: Londres), de vez en cuando tuviera lugar una especie de cortocircuito social, una extraña conexión mental en parte de sus ciudadanos, los cuales de pronto pasan a descontrolarse y ser muy peligrosos. La primera pregunta que me surge aquí sería: ¿realmente se trata de gente normal que en determinada situación se levanta, al calor del grupo o simplemente es un problema latente que, contenido con un inestable “dique policial”, en determinadas ocasiones tiene fugas que desemboca en dichas revueltas? Yo, en principio me inclino por la segunda.
Algo similar ocurrió en el otoño del 2005, en Francia, empezando en París, en uno de sus “banlieue”, suburbios, en Cliché-sous-Bois, y cuyo efecto detonante fue, nuevamente, la muerte de dos jóvenes musulmanes de origen africano mientras escapaban de la policía. París, otra cuna de la cultura (aunque no debemos olvidar lo bien que se les dio a los franceses su revolución y el buen uso que hicieron de la guillotina…), en la que cientos de jóvenes salieron a la calle y quemaron coches, contenedores de basura y tiendas. En su momento culminante, en la noche del 5 de noviembre, se llegaron a quemar más de 1.200 coches. Nada mal para lo que en su momento el entonces ministro de interior, Nicolás Sarkozy, definió como simple escoria. Sarkozy en aquel caso, y como bien hace ahora de presidente de la república, se ha caracterizado siempre por minimizar los problemas que no le interesan y limitarse a decir que siempre son otros los culpables, respuesta mucho más fácil que buscar solución a la inadaptación social de ciertas generaciones nacidas en Francia.
Resumiendo, parece que en todas las situaciones antes descritas confluyen una serie de factores comunes como son el hecho de que: i) tenga lugar el encendido de una mecha, en ambos casos la muerte de jóvenes a manos de la policía, que deriva rápidamente en una explosión, en un momento de locura colectiva; ii) ambas son una capital mundial (hablamos de París y Londres) y iii) que se utilice como medio de expresión la destrucción a través del fuego, elemento que siempre se ha considerado como purificador.
De vuelta a Inglaterra, por la tarde, después de comer, mientras dejaba la ciudad de Croydon, para ir a la estación de Euston (Londres) donde tenía que coger un tren, tuve que atravesar todo Westminster, pasar por el Parlamento, Trafalgar Square, British Museum y así llegar a la estación de tren. En dicho camino, de apenas 45 minutos, empecé a ver cada vez mejores casas, coches más caros y sobre todo muchos hombres y mujeres propios de la City. Se trataba de un ambiente claramente de élite, pero que a mí me permitía comparar ambos mundos en un corto espacio de tiempo.
Al ver ambos mundos, el de la revuelta-destrucción-fuego vs. poder-dinero-bienenestar me pregunto cómo es posible que en esta sociedad modélica para el resto del mundo como es el Reino Unido, y Londres como punta de lanza (lo mismo es aplicable a Francia y París), pueden tener lugar estas diferencias en tan corto espacio de tiempo y espacio, cómo pueden llegar a convivir ambas sin problemas hasta que la chispa se enciende y entonces todo el sistema peligra.
Para los locales, londinenses en este caso, parece que no es tan extraño la convivencia de ambos mundos. Según me comentaron, existe de un tiempo a esta parte, una especie de moda entre algunos jóvenes de Inglaterra, sin empleo en muchas ocasiones y pertenecientes a familias desarraigadas, que buscan asociarse en grupos, unidos por gustos musicales similares (rap en muchos casos) y por ser hinchas radicales de equipos de futbol (hooligans), que ahora formas bandas de gansters, al modo del mejor New York de principios de siglo XX y que posiblemente representan una involución en un mundo civilizado en el que no todos han encontrado su hueco.
Al final parece como si los tiempos cambiasen, incluso en el clásico Londres, y visto desde fuera en muchos casos puede parecer algo desagradable pero pasajero. Sin embargo, creo que visto desde dentro, desde aquellos que llevaban el fuego hasta los edificios y coches, seguro que es una pesadilla, y aquí mi pregunta para terminar sería: ¿qué se puede hacer cuando la vida es una pesadilla, sino intentar quemarla?
Para el siguiente post continuaré con mi viaje hasta Manchester, previa parada en la estación de Euston, donde descubrí que son muchas las maneras de hacer negocio, y que son muchas las que en España todavía no hemos puesto en marcha.
NOTA: relacionado con el post anterior: Europa año 2022… y mi preocupación sobre el futuro de la UE, os recomiendo para aquellos que os interese, un artículo de un analista político inglés, Timothy Garton Ash, que una vez más creo da en el clavo:
Felices navidades a todos y próspero año nuevo.
JM



