EUROPA AÑO 2022_LAS ACCIONES DE HOY NOS CONDUCEN A LA REALIDAD DE MAÑANA
El 9 de diciembre ya ha llegado y de momento el mundo no se ha acabado, o por lo menos eso parece. Los líderes europeos se han reunido hasta altas horas de la madrugada para intentar llegar a un acuerdo sólido y con garantías, acuerdo que tendrá que ponerse a prueba las próximas semanas.
Y sí, esta vez parece como si se hubieran ganado su sueldo, por lo menos esa es mi impresión cuando veo a Sarkozy a las 5:30 am del mismo viernes 9 explicando su versión de los hechos, y de paso metiéndole alguna puyita a su socio David Cameron. O incluso al propio Zapatero, presidente saliente de España, siempre con esa sonrisa, para algunos tan bobalicona, y que sólo ahora cuando cede el testigo, expresa lo difícil de la situación actual y del futuro incierto que nos espera (me pregunto si su optimismo de citas anteriores ha desaparecido de un plumazo con la mayoría absoluta del PP). Y con ellos, Angela, David, Mario, Herman, José Manuel,…y demás amigos de tan elitista club que han jugado sus cartas, para algunos sus últimas, y posiblemente, todo ello, sin saber las verdaderas consecuencias que estas decisiones nos depararán en el futuro, en especial el futuro que viviremos a corto plazo, y del que hoy somos responsables.
Resumiendo los datos más importantes, en Bruselas, a 9 de diciembre del 2011, ha tenido lugar una reunión crucial entre los representantes de 27 países de la Unión Europea. Ha pasado tiempo desde que la UE, comenzó su andadura allá por el 1957 mediante el Tratado de Roma, y ha ido viviendo lentas evoluciones desde entonces, siempre intentando avanzar hacia una idea complicada, por aquello de ambiciosa, pero que a su vez intentara, por aquello de idílica, evitar errores del pasado en un continente como Europa, viejo para algunos pero de gran importancia para todos. Desde su creación, la Comunidad Económica Europea se ha movido a lo largo de su historia a empujones, que curiosamente se han separado en el tiempo unos 20 años. Así se tuvo que: i) esperar hasta el 1970 para comenzar la coordinación que culminó en el sistema monetario europeo de 1979; ii) en 1991 en el Tratado de Maastricht se diseñó la moneda única, finalmente creada en 1999 y ahora iii) en el 2011 se ha intentado establecer una Unión Fiscal, que servirá de base para una integración económica, que espero llegue antes del 2022.
Sin embargo, antes de imaginarme cómo será la realidad del 2022, que lleva por título este post, es importante saber primero que de esos 27 países, sólo 26 han llegado a un principio de acuerdo, hecho que considero crucial, porque en cierta medida definirá nuestro próximo futuro. Con ello ha quedado claro que el Reino Unido, el país que se ha bajado del acuerdo de los otros 26, quiere seguir su propio camino. Su primer ministro, David Cameron, ha conseguido lo que durante tantos años evitaron Margaret Tatcher, John Mayor o Tony Blair, utilizar el derecho a veto de los acuerdos de la Unión Europea. Porque David, y espero no le moleste que le tutee, al modo de los antiguos corsarios, que tanto rendimiento le han dado al Reino Unido a lo largo de su historia, ha intentado ejercer su patente y mediante chantaje conseguir eximir a la City de la próxima regulación financiera de la UE, botín preciado pero que poco tenía que ver con lo que se discutía en esta ocasión.
Ahora la pregunta que surge es: si Reino Unido se queda fuera de la UE, ¿puede tener sentido que Londres siga siendo la capital financiera de Europa? Ya lo veremos, pero lo que sí está claro es que a David le ha salido mal la jugada. Ya sea por no tener un plan B, o por no acordar previamente posturas en común con otros países de la unión, los 26 países restantes de la Unión Europea se han visto obligados a abrir un nuevo tratado internacional, del que el Reino Unido quedará fuera. David podrá disfrutar de los réditos a corto plazo en su isla, callar a los euroescépticos de su partido, como al carismático alcalde de Londres Boris Johnson, y con ello entregarse a un futuro incierto y en cierta medida solitario.
Y así es como llegamos al 2022, con un pequeño esfuerzo de imaginación y recordando parte de la literatura de años pasados. En mi caso se trata del magnífico libro de George Orwell, conocido como “1984” y que en su título original se llamó “The Last Man in Europe”, título que sus editores prefirieron cambiar por el actual, y que yo me tomaría la libertad de renombrar como “2022”. Todo esto salvando grandes distancias como por ejemplo serían la masa proletaria no pensante o los terribles cuatro ministerios de aquella imaginada sociedad orwelliana: i) Ministerio del Amor, encargado de los castigos y la tortura; ii) Ministerio de la Paz, encargado de mantener una contienda permanente; iii) Ministerio de la Abundancia o de economía del racionamiento; iv) Ministerio de la Verdad, que se encargaba de mantener la versión oficial de la historia, pero que por otros detalles podría tener gran similitud con esa futura realidad. (ver película: http://video.google.com/videoplay?docid=2948242499398755207# )
Para imaginar este y aquel posible futuro, tendríamos que recordar a su protagonista, Winston Smith, residente en Inglaterra, la cual a su vez pertenecía a una de las tres superpotencias existentes: Oceanía, que encuadraba a Reino Unido, Irlanda, América, Australia y Nueva Zelanda. Las otras dos superpotencias eran Eurasia, entendida como Europa (sin UK e Irlanda), incluida toda la Rusia asiática, y Estasia que reunía a China, Japón y Corea. Dentro de este trágico reparto había zonas que se encontraban en continua disputa como África e India. Y aunque la comparativa puede parecer un poco exagerada, sobre todo cuando se tienen en cuenta que el principal objetivo de Orwell era criticar los regímenes totalitarios y la imagen de Gran Hermano que no permitía el desarrollo del ser humano. Igualmente se escribieron otros dos grandes libros de la época como fueron “Brave New World” (“Un mundo feliz” de Adolf Huxley) y “Fahrenheit 451” de Rad Bradbury, de tal manera que todos juntos nos pondrían sobreaviso de los excesos que el hombre puede ser capaz de llevar a cabo en su inmensa libertad, pero que a mí la verdad a veces no me parece tan descabellado, o por lo menos en ciertos detalles, por ejemplo en lo que al reparto geopolítico se refiere.
De esta manera, y siendo consciente de que la partida de ajedrez no sólo se juega en Europa, creo que para llegar a ese supuesto 2022, tenemos que recordar que es hoy cuando nos jugamos el futuro y debemos ser por ello muy cuidadosos. Ejemplos que me hacen llegar a esta conclusión serían:
1) la situación de Estados Unidos, que a priori puede parecer tranquila pero nada más lejos de la realidad, pues nos deparará un año próximo interesante con las elecciones a presidente, todo ello dentro de una situación de paro histórica, mayor del 8,5%, cifras con las que ningún presidente ha sido nunca reelegido antes, y con la imagen de Barack Obama bastante perjudicada, puesto que apenas se recuerda nada de sus políticas. Lejos queda su famoso “Yes, we can” y todo ello en medio de una presión cada vez mayor y más beligerante de la oposición republicana. Y aquí amigos, ¡qué miedo me dan los del Tea Party!, sobre todo porque tal vez no ganen las primarias de su partido y luego las generales en 2012, pero cada vez tendrán más poder y creo que en un horizonte muy cercano serán alternativa creíble para los estadounidenses, pero alternativa muy mala para el resto del mundo.
2) Rusia, y su magnífico pucherazo del 4 de diciembre, porque para los que no lo sabéis, en las últimas elecciones a la presidencia se han contado el 115% de los votos posibles. Las imágenes son estremecedoras, porque existen vídeos de dicho amaño, que la verdad me resultan patéticos, sobre todo al acompañarlos Putin con un: “la culpa es de Hilary Clinton”, como un niño enfadado, cuando si realmente no tuviera nada que temer, bastaría con repetir las elecciones. Temo mucho por estos señores que llevan repartiéndose el poder los últimos 20 años, como nuevos zares. Y todo ello porque tengo la impresión de que la sociedad rusa está muy acostumbrada a la mediocridad y a vivir con dirigentes malvados, crueles, totalitaristas,…, es decir, espero que no se hayan rendido todavía y puedan conseguir evolucionar y acercarse más a la Unión Europea y quién sabe si quizás allá por el 2022, firmar el acuerdo de anexión.
Y por último pero no menos preocupante: 3) China, la gran incógnita y posiblemente la mecha que provoque el cambio geopolítico que nos lleve a ese hipotético 2022 dividido en 3 superpotencias. China, donde no existen derechos, donde los salarios crecen de forma exponencial, donde cuando llega el invierno apenas puede respirarse debido a la contaminación de antiguas calefacciones de gasóleo, donde sigue habiendo organizaciones encargadas de raptar niños para luego venderlos en el mercado negro, donde existe miedo, ignorancia, hambre,…
2022 llegará, y antes de los que nos parece, por lo que mejor es pensar en lo que nos gustaría que pasara e intentar no dejar al azar elegir por nosotros y mucho menos dejar que sean nuestros dirigentes los que lo hagan. Nosotros somos los que tenemos que decidir: los ingleses, norteamericanos, rusos, chinos o españoles. Nosotros decidiremos como queremos que sea el 2022, orwelliano o no.
Para terminar, recomiendo el artículo de Carlos Boyero en el que nos recomienda un grupo de música, Wilco, que para muchos es conocido y por casi todos ellos admirado. Una vez más Boyero tiene razón:


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