La semana pasada, once again, estuve con motivo de un viaje de negocios dándome una vuelta por Europa, en particular fui a Turquía, y más concretamente a su capital. Me gusta Estambul, no perdón, me gusta mucho Estambul. Aunque intentara describir lo que se siente paseando por sus calles, en sus bares o en la concurrida plaza de Taksim, creo que todavía me quedaría corto a la hora de hablar de Estambul. La ciudad es historia pura, algo fácil de sentir nada más llegar allí. Solamente en el camino desde el aeropuerto internacional Ataturk hasta el centro de la ciudad puedes darte cuenta de ello. Atravesar un acueducto del tipo de nuestra ilustre Segovia (por tamaño y estado de conservación), mientras tienes mucho cuidado de que el taxista no te engañe y te dé una vuelta por donde no debe para que la carrera sea mayor, es una magnífica puerta de entrada a parte de su historia.
El enclave de Estambul es privilegiado, lo fue tanto en la antigüedad como hoy en día, puesto que se trata de un nexo entre dos mundos. Estambul es la puerta a Asia desde Europa y viceversa, algo que es literal. Por ejemplo, son muchos los camiones que diariamente cruzan uno de los dos puentes que se encuentran sobre el Bósforo, y que a cualquier hora del día están completamente congestionados. Estambul es el paso del primer al tercer mundo, de la estabilidad, por lo menos eso se supone en Europa, a las revueltas, los enfrentamientos y la pobreza.
Y es que Estambul quiere ser europea, pese a que geográficamente Turquía está claramente dentro de Asia, su sentimiento y por ello el de sus ciudadanos es diferente: se sienten europeos. En este sentido luchan desde hace tiempo, para poder colocarse geopolíticamente en el lugar que consideran les corresponde, siendo por ello modelo muchas veces utilizado por las grandes potencias.
Valga como ejemplo que, dentro de esta relación con dichas potencias, Turquía es miembro de la NATO y para ello mantiene uno de los mayores ejércitos del mundo, tanto en número de sus efectivos como por el tipo de armamento del que disponen, siendo uno de los más poderosos del mundo, lo cual seguro que sería posiblemente un motivo de orgullo de su héroe nacional, el venerado por todos Ataturk (aquí no existen dudas, todos veneran a su héroe y así lo demuestran con fotos en oficinas, metro, aeropuertos, coches, tiendas,…).
Sin embargo, aunque sean utilizadas como modelo, la verdad es que Estambul y toda Turquía, son lugares de grandes contrastes. En una misma calle, o en el mismo barrio, pueden verse a la vez hombres de negocios, mujeres cubiertas por el velo, grandes coches, impresionantes mezquitas, edificios de oficinas y todo ello mientras se escuchan las llamadas diarias al rezo desde los minaretes. Pues no debemos olvidarnos que Turquía y por ello Estambul, aunque es estado aconfesional, la mayoría de su población es musulmana. Si profundizamos más en este tema, el partido actualmente en el gobierno, el pro-islamista “Justicia y Desarrollo” (ya sólo el nombre da mal rollo…) genera en determinadas ocasiones tensiones con otros poderes del estado. Esta situación se debe en gran medida a la continua lucha que se vive allí entre una religión que no está de acuerdo con formar parte de un estado aconfesional y unos ciudadanos que parte de ellos no son practicantes, todo ello bajo la atenta mirada del ejercito, ese que antes os dije era uno de los más poderosos del mundo. Ejército, que no debemos olvidar, en varias ocasiones en un pasado reciente tuvo que salir a poner “orden” en el país o al menos su orden, pero que hoy en día está siendo acorralado por el presidente de Turquía Erdogán con medios unas veces lícitos y otras no tanto.
Porque la verdad es que la modélica Turquía mira a Europa, incluso en estos convulsos tiempos para la segunda, pues su anhelo es ser parte de la UE, aunque actualmente esté tan denostada. Sin embargo, para ello antes tiene que hacer muchos deberes impuestos por sus socios europeos, algunos de los cuales le cuestan, en parte por aquello de ser un estado orgulloso, por historia y dimensión y en parte por ciertas relaciones que mantiene con otro de sus grandes socios: EEUU.
Si nos fijamos en esos deberes que le han puesto desde la UE y en el título de este post, la verdad es que Turquía es un estado que, a veces, parece más del tercer que del primer mundo. Por ejemplo en lo que a la justicia se refiere, materia en la que en los últimos años han dado muchos pasos para atrás. No queda del todo claro o por lo menos a mí así me lo parece, que exista una separación de poderes, puesto que desde unos años a esta parte, todo aquel que critica a Erdogán termina en la cárcel: ya sean periodistas, militares, políticos,…y como ejemplo, desde hace varios años se está celebrando un juicio en el que ciertos derechos de los acusados no han sido defendidos, por no decir que no existen pruebas de los que se le acusa, “intento de revuelta y levantamiento contra el estado”. Ver artículo del NYT: http://www.nytimes.com/2012/01/05/world/europe/turkeys-glow-dims-as-government-limits-free-speech.html?_r=2&hpw .
La realidad y posiblemente lo más triste, es que Turquía, como país del tercer mundo, pero con corazón de primer mundo, y con ella la marioneta de su presidente, se encuentra dentro de la órbita de EEUU, y esto es tan cierto como que nuestros amigos americanos, de España y Europa, son la primera potencia mundial y hacen lo que consideran necesario para que así siga, como por ejemplo influir en la tercera re-elección de Erdogán, todo ello entiendo con el beneplácito de la UE.
Pero, ¿por qué podría EEUU querer influir sobre Turquía? Si olvidamos que se trata del estado modélico dentro de una zona “musulmana que ha ardido con la primavera árabe”, y nos fijamos en algo más mundano como es el dinero, Turquía como muchos de los países del tercer mundo o de naciones con elevado nivel de crecimiento, aunque no forme parte de los famosos BRICS, podría haberse incluido, es muy rica en materias primas, inmensamente rica. Como ejemplo sus reservas en mineral Boro, poseen las mayores reservas del mundo (el Boro se utiliza en las centrales nucleares como escudo frente a las radiaciones del reactor o por ejemplo se quiere utilizar para conseguir en la producción de combustible en forma de hidrógeno con la interacción del agua y de un borohydride (tal como NaBH4). Igualmente entre sus recursos cuenta con reservas de petróleo sin explotar (comparte la misma bolsa de Irak) pero que actualmente están sin ser extraídos por parte de las petroleras extranjeras que los poseen, empresas amigas de Erdogán, a quién poco a poco le han ido vendiendo los recursos del país, y la mayoría de ellas con sede en los EEUU.
Y mientras Turquía es un país que vive actualmente un crecimiento de la economía cercano a las dos cifras (8,9% del PIB el año pasado), sus vecinos, por ejemplo los griegos, se van muriendo poco a poco. Porque Turquía se trata de uno de esos países en el mundo que actualmente viven una situación exitosa, a la manera que tan acertadamente descrita por Moisés Naim en su artículo:
pero sin embargo, apenas se sabe cuál es su deuda real, o en el que por ejemplo, para calcular el IPC anual se cogen artículos como las pinzas para depilar y se olvida el precio del pan, el cual ha subido de un año para otro un 20%.
Turquía es un país en el que muchos son los que tiene trabajo (paro del 12%), por decir algo, porque la verdad es que pocos son los que producen. Es gracioso ver 2 personas donde apenas bastaría con media, es gracioso ver como son personas las que hacen el trabajo de máquinas, y mucho más como puede verse que todavía existe una cultura de sumisión hacia los superiores en el trabajo, donde todavía se puede ver al “tea boy”, como ocurre en la India, y donde trabajo se tiene, aunque no se tenga del todo claro para qué sirve.
Pero lo que está claro es que Turquía tiene Estambul, ese bello lugar como pocos, en el que perderse por sus calles es un placer, en el que los olores te acompañan donde vayas, ya sea especias, dulces o el simple olor a cuero. Estambul es un lugar en el que puedes pasear por el Bazar o por sus calles adyacentes y ver mujeres con velo o con minifalda que se mueven a toda velocidad llegando siempre tarde, donde cualquier restaurante es un acierto, donde comer con el yogurt líquido (kéfir) es un placer y donde enamorarse es sencillo, simplemente se tiene que dejar uno. Se trata de un lugar en el que pese a sus políticos, pese a la corrupción, pese a la manipulación por parte de potencias extranjeras, pese a la venta de recursos naturales, pese a tantas y tantas cosas, se trata de un lugar al que al menos una vez en la vida se tiene que ir. Y a vosotros ya os dejo elegir si antes se debe visitar París, Roma, Madrid, Londres o Estambul.
Este post está dedicado a mi amigo Sergio, que como buen bilbaíno, no sabe qué ciudad es mejor: Estambul o Bilbao, y a mi amigo RM, el cual me manda el atardecer adjunto en foto desde el malecón de La Paz en México.
Y si quieres, puedes seguirme en mi cuenta de twitter @jmmogarra
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A mi también me gusta Estambul! Fantástico de ocio pero ¿y de negocio? Estambul no deja de ser la punta del iceberg amable de una gran Turquía. Nos gusta Estambul porque a pesar de su apariencia exótica se parece a nosotros -Europa-. Pero sus aspiraciones europeísticas están condenadas al fracaso (o al menos a una larga espera). Sólo si el resto de Turquía mira y se iguala a Estambul, prosperará (económica, ideológica y socialmente). La historia ya nos dice que el bósforo es una frontera natural....
ResponderEliminarGran articulo¡Tengo muchas ganas de ir¡
ResponderEliminarRM es el que es amigo de Guti? Otro gran amante de Turquia de la cuenca¡