Ser o no ser…es el comienzo de
una parte de la famosa obra de Shakespeare, Hamlet:
Ser o no ser, porque he aquí la cuestión. ¿Qué es más digno para el
espíritu?, sufrir los golpes y dardos de la insultante fortuna o tomar armas
contra océanos de calamidades y, haciéndoles frente, ¿Quizás acabar con ellas?
Morir..., dormir; no más. ¡Y pensar que con un sueño damos fin al pesar del
corazón y a los mil naturales conflictos que constituyen la herencia de la
carne! ¡He aquí un término devotamente apetecible! ¡Morir... dormir, y tal vez
soñar! ¡Si, ahí está el obstáculo! Pues es forzoso que nos detenga el
considerar qué sueños pueden sobrevivir en ese sueño de la muerte, cuando nos
hayamos liberado del torbellino de la vida…
Y la verdad no es que yo sea muy shakesperiano,
pero hoy, pensando precisamente en Grecia, me ha venido a la memoria la
archiconocida expresión.
Estaba yo leyendo la prensa, como
buena costumbre de domingo, y me detuve en la última de Mr. Varufakis, al que
tengo que reconocer no sé si me recuerda más a Angel Eyes, el “malo” (Lee Van
Cleef) o a Tuco, el “feo” (Eli Wallach). Ahora, cuando cada vez nos acercamos
más al 30 de junio, digamos “deadline” en el último capítulo del asunto griego,
no se le ocurre otra cosa, sino pedir a Angela Merkel un “discurso para la esperanza” que facilite la recuperación
económica del país y la normalización de las relaciones con los socios
europeos, de manera similar al llamado “discurso de la esperanza” que el 6 de
septiembre de 1946 pronunció en Stuttgart el entonces secretario de Estado de
EEUU, James F. Byrnes.
Debo reconocer que me encanta el
poder de “ensoñamiento” de Mr. Varufakis y por eso me lo imagino a lo Hamlet
entonando su famoso soliloquio:”…y pensar
que con un sueño damos fin al pesar del corazón y a los mil naturales
conflictos…”, pues no sólo quiere que Merkel vaya a la ciudad que elija en
Grecia, ya sea Atenas o Salónica, muy amable por su parte al poner todas a la
disposición de la canciller, y hacer de ella una nueva Byrnes, sino que quiere un
nuevo planteamiento de la integración europea, que comience según él con el
país que más ha sufrido, en alusión a los programas de ajuste aplicados en
Grecia, “victima tanto de la concepción defectuosa de la zona del euro como de
los fallos de su propia sociedad”.
Porque si no nos hemos dado
cuenta, Grecia “está lista y dispuesta para concertar un pacto con Europa” en
referencia a la propuesta de acuerdo que su Gobierno, el de Varufakis, ha
presentado a los acreedores, pero que para que el país aplique esas reformas
con éxito, nuevamente según Varufakis, sus ciudadanos necesitan un ingrediente
del que carecen: la esperanza.
La esperanza. Supongo que la
misma que quiere para Grecia, la quiere para Portugal, para Irlanda, para España,
para Italia,…o a lo mejor no. A lo mejor el objetivo es otro y su idea está más
cercana del dicho: “ande yo caliente…”.
Porque los demás también han
sufrido lo suyo, y ya no lo digo por España, sino más bien por Portugal. Y a
ellos de momento no les he oído dar tantas vueltas a lo que al final no le
queda más remedio a Grecia que hacer, enfrentarse al pago de sus deudas.
Enfrentarse a esta situación exige nuevos sacrificios, seguro que sí, pero lo
que no facilita las cosas es haber dilapidado los últimos 4 meses de
negociaciones, para al final terminar poniendo el ejemplo del 1946 y pedir a
Merkel esperanza. Para eso no es necesario tanto teatrillo, pues parece
bastante claro que el objetivo no es otro sino tensar la cuerda tanto como se
pueda, y si se tensa demasiado, pues ya sabes…not to be.
Y por aquello de dejar parte de
los deberes hechos, le recomendaría a Varufakis un pequeño ejercicio, ese que
muchas personas, ya sean griegas, portuguesas o de cualquier otra parte del
mundo han tenido que hacer cuando no pueden pagar un préstamo. Pensar en los
compromisos adquiridos y sus consecuencias:
Dejar de pagar un
préstamo, sea hipotecario o personal, le puede acarrear graves problemas. En la
gestión de cualquier presupuesto, el pago puntual de las deudas tiene que tener
prioridad sobre los demás gastos. Nunca tome la decisión de dejar de pagar un préstamo
como solución a un problema económico, porque lejos de ser una solución, será
el comienzo de problemas mucho peores.
Si usted sufre un cambio
en su situación económica que realmente hace imposible el cumplimiento de sus
obligaciones, lo mejor es acercarse a su banco o caja para comunicarles el
problema antes del vencimiento del pago. Siempre es más recomendable
anticiparse al problema que esperar a que se lo reclamen. No tenga vergüenza en
acudir a su oficina para exponerles su problema y pedir ayuda. Cualquiera se
puede encontrar con dificultades económicas en un momento determinado y las
entidades de crédito prefieren cobrar, aunque sea con retraso, que tener un
cliente moroso y verse obligadas a iniciar reclamaciones judiciales. Encontrar
una solución beneficia a ambas partes.
Es muy posible que su
entidad le proponga alguna medida como por ejemplo refinanciar la deuda,
establecer un plazo más largo para que la cuota a pagar sea inferior, o incluso
la concesión de un período de carencia, durante el cual sólo tendría que pagar
los intereses. Estos son ejemplos de posibles soluciones que le podrían ayudar
a pasar malas rachas, pero tenga en cuenta que normalmente significan que a lo
largo la deuda le resulta más cara. Aun así, siempre será mejor que simplemente
dejar de pagar.
PS: las fotos que se adjuntan en
el presente post, fueron sacadas esta primera en el Palacio de Nymphenburg, en
Munich, Baviera.

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