“…el día ha amanecido gris, muy gris. Ayer estuvo lloviendo y todavía se nota la humedad.-tenía que haber encendido la calefacción. Ya se me ha metido el frio en los huesos, me duele el maldito codo y voy a estar todo el día con esta sensación.- Ducharse, vestirse, preparar y tomarse el desayuno con zumo y tostada, coger el coche, encender la radio y…- ¡ya estamos otra vez en este maldito atasco! De verdad que estoy hasta las narices, todos los días igual y no importa el camino que coja, que lo mismo es peor.-
Mientras, voy escuchando la radio. Hace unos días Lehman Brothers cayó en suspensión de pagos. El mundo parece que se va a acabar. GM está de pena, Citi y BoA apenas lo cuentan, cada vez son más las personas que abandonan su casa en EEUU y se la entregan al banco como prenda por la hipoteca. El comentarista, Iñaki Los Santos está hoy bien calentito, como se descuide no deja títere con cabeza. Decido cambiar de emisora, buscando algo de música. El día es bastante gris como para que encima me revuelvan el estómago recién levantado. No es que quiera dejar de escuchar los problemas que existen, es la forma con la que se cuenta todo.- estamos locos, todos, tanto los mediadores como los mediados.-
Por fin he conseguido llegar a la oficina, después de dejarme otra vez cerca de 1h de mi vida en el coche.- cuántas cosas podría hacer en 1h si no tuviera que conducir: leer, escuchar música, … pensar. Bueno, esto último también lo hago ahora, aunque hay veces que sería mejor dejar la mente plana, puesto que cuanto más pienso, peor lo paso. Bendita ignorancia.- Ya estoy en el trabajo, en mi mesa. Hoy tengo que preparar sin falta un informe sobre la viabilidad de un proyecto. Llevo trabajando en ello varias semanas y la verdad es que no es viable, pero no me queda más remedio que hacer lo posible para que lo parezca. No me gusta cuando me presionan para hacer este tipo de cosas. Me siento utilizado, soy como una marioneta al servicio, normalmente de un bien superior. Corporativo, interno, por los clientes,…siempre tenemos una excusa, pero mientras yo sigo tragando. De todas maneras lo mejor es cuando mi jefe intenta ayudarme, como si yo estuviera perdido. Sé perfectamente lo que estoy haciendo, mentir, engañar, camuflar,…- me pregunto si mi vida será en cierta medida una pequeña mentira. Cuando subo al ascensor siempre sonreír y dar los buenos días, cuando estoy con mis compañeros a preguntar por el fin de semana y qué tal se lo pasaron, cuando tengo una comida con un cliente le escucho lo bueno que es el Barcelona F.C., aunque yo sea del Madrid a muerte,…me pregunto si soy un poco hipócrita, o simplemente puede que mucho.- Sin embargo, nadie me obliga a hacer todo esto. Mañana mismo podría coger un billete de avión y viajar a cualquier parte del mundo, cuanto más alejada mejor, ligero de equipaje, con un par de libros y sin mirar atrás. Nadie notaría mi marcha, bueno, puede que mis padres, o mi hermana, aunque cada uno llevamos nuestra vida y cada vez nos hemos alejado más. Este pensamiento, el de dar un giro a mi vida me da cierto alivio durante unos minutos, hasta que suena el teléfono de mi despacho, de esos que son último modelo, en el que viene el número o el nombre del que te llama. Mi jefe. ¿Qué narices querrá ahora, acaso no me tocó ayer bastante la moral, por no decir otra cosa?- ¿Sí?...No, la verdad es que no me había dado cuenta de ese detalle…Creo que podría cambiar las 10 últimas páginas dándole otro enfoque…De acuerdo, no te preocupes, en menos de 2 horas lo podemos ver. Ok.- Así están las cosas, encima es culpa mía, por no saber mentir en condiciones. En lugar de Ingeniero de Teleco tendría que haberme hecho dramaturgo o periodista, total, para contar las cosas “de otra manera” seguro que ambos estarían más preparados. Los primeros por aquello que aprendieron a contarnos la vida de forma dramática o cómica según la ocasión, y los segundos por su capacidad para describir y contar lo que les han dicho u han oído. Lo que está claro es que hoy me quedo sin comer si quiero terminar este maldito informe, y eso sí que me fastidia porque la comida siempre la aprovecho para desconectar. Pues nada, hoy no habrá desconexión.
Termino el informe, se lo presento a mi superior, me hace n-mil cambios, a rotulador gordo en el lateral, la mitad de ellos difíciles de entender, por no decir imposibles, vuelta a rehacer todo y ahora en 15 minutos. Esto es como el doble mortal sin red.- estos cambios son una gilipollez, pero claro, para eso es mi jefe y de alguna manera tiene que justificarse. La base técnica y financiera está perfecta y eso sí que le fastidia. Con lo fácil que sería que me felicitara por hacer bien mi trabajo, vamos, por mentir tan bien. No, no puede, es superior a sus fuerzas.- Finalmente, a eso de las 19:00 presentamos el informe en la comisión con los principales accionistas de la empresa. Allí todo el mundo opina y nadie se pone de acuerdo. Está claro que el ambiente está caldeado. Cada vez suben más el tono y me da por pensar que debieron salir a la calle esta mañana sin mucho abrigo, que el frío se les metió en los huesos, que escucharon a Iñaki Los Santos y su diatriba sobre el fin del mundo, que no han podido comer tranquilamente,…que les gustaría coger un billete de avión e irse mañana al sitio más alejado posible. No, no creo que sea eso lo que les pase. Será más un tema de dinero, del margen del negocio, del % de dividendos a cobrar, de la nueva refinanciación, de…- ¿qué les pasa a esta gente? ¿Estamos locos?- Termina la reunión, no hemos sacado nada en claro, bueno sí, que tengo que volver a rehacer el informe de nuevo, digamos que me pasado y he sido muy conservador. Vaya día más asqueroso, y mañana parece que va a ser peor.
Me voy de la oficina, no puedo más, estoy muy cansado. Según bajo hacia el garaje voy pensando en mi vida, todo lo que he hecho para llegar aquí. Largas jornadas de trabajo como la de hoy con el mismo final: llegar a casa, encontrarse ésta vacía, encender la tele, abrir la nevera y no tener nada para cenar, pero creo que eso no es lo peor. Lo peor es cenar solo, estar solo viendo la tele, no tener a nadie con quien compartir el mal día que he pasado, y sobre todo … no tener a nadie a quien poder escuchar. Al subir al coche, con el frío todavía en el cuerpo, me doy cuenta de lo que tengo y lo poco que vale. De cómo podría desaparecer sin que nadie me echara de menos, de la tristeza interior que siento con sólo pensarlo. Cuando llego a casa no tengo ganas de cenar, sólo me apetece irme a la cama, intentar olvidar cuanto antes estos pensamientos, esperar que mañana será otro día y a ser posible mejor. Mientras estoy en la cama, boca arriba, recuerdo un poema que leí una vez:
Llorar, sufrir sin apenas sentir,
soledad pesada, compañera de viaje,
entender la tristeza para poder cambiarla,
comprender que el cambio no es posible,
y al final terminar sin ti.
De esta manera me voy quedando dormido poco a poco…”
Siempre hemos tenido días mejores y días peores, jefes tolerantes, otros machacones, trabajos más o menos interesantes, días de lluvia o soleados,…pero lo que sí que es realmente importante son las personas que nos rodean, los amigos, la familia, nuestras parejas. Yo, por mi parte, soy afortunado, porque a diferencia del personaje del cuento, tengo la suerte de que siempre me espera alguien en casa, la persona más especial de mi vida.
Recomenda culinaria, y especialmente para los que os gusta la comida Japonesa. Don Zoko, en Madrid. Cualquier día es bueno y casi siempre se pueden ver japoneses comiendo allí, lo que es una garantía.
