viernes, 22 de julio de 2011

QUÉ TIEMPOS AQUELLOS EN LOS QUE LA POLÍTICA Y LOS POLÍTICOS ERAN…DIFERENTES!

Viernes 22 de Julio_Este post está dedicado a PQB

La historia se repite continuamente, aunque nosotros nos obstinemos en no darnos cuenta de ello. Persas, griegos, romanos, venecianos, españoles, ingleses, otomanos,… Está claro que habrá habido muchos casos, pero a mí, como ejemplo, me gustaría recordar a un par de personajes, grandes políticos de su tiempo, puede que no por su calidad humana, sino mas bien por la influencia y consecuencias que sus actos tuvieron en su época. A vosotros os tocará buscar las similitudes, si es que las hubiere, con algún político/personaje de nuestro tiempo, aunque la verdad no sé si esto sería decir mucho a su favor.

Fouché y Talleyrand, ambos franceses, fueron dos figuras claves de los siglos XVIII y XIX, por los acontecimientos que les tocó vivir y por como influyeron en ellos. El primero era de familia humilde y el segundo pertenecía a una de las familias nobles más importantes de Francia. Ambos tuvieron una relación especial con Napoleón Bonaparte, y a su modo, contribuyeron a los éxitos que tuvo éste, pero siempre teniendo muy en cuenta su propio provecho mientras servían a la causa patria (es posible que haya encontrado el primer factor común con la clase política actual).

            Joseph Fouche fue para muchos el fundador del espionaje moderno, y vaya por delante que no está mal el mérito. Su carrera política se caracterizó, sobre todo, por su capacidad para asegurarse su propia supervivencia (puede que sea el segundo factor en común) y mantenerse en el poder a toda costa, independientemente de quien lo ocupara. Para poder hacerlo, se apoyó en su gran inteligencia,  siempre acompañada de una desmesurada ambición. Pese a todo ello, no destacaba por su presencia en la vida pública, no era de hablar en las tribunas ni de proclamar grandiosos discursos, sino que más bien actuaba por detrás, tejiendo los hilos de la política, con movimientos silenciosos e inapreciables a simple vista (aquí seguro que alguno ya ha encontrado similitud con algún…).
           
            Ocupó el puesto de ministro de la policía en 1799, desde donde creó una eficaz red de agentes que puso al servicio de Bonaparte para ayudarle en su toma del poder, primero como cónsul y posteriormente como emperador. Entre sus “logros” es destacable la creación de una oficina de censura para la prensa, llamada “Gabinete negro”, la cual utilizaba en su propio interés según soplaran los vientos, animando o haciendo callar al pueblo y a la oposición del régimen (hete aquí otro organismo que alguno “gestionaría” de mil amores).

            Su relación con Bonaparte fue siempre complicada, puesto que éste siempre le consideró necesario para llevar a cabo sus intenciones, pero a la vez le reconocía como uno de los pocos políticos con habilidad similar a la suya, (y tengamos en cuenta que el ego de Napoleón era muy, muy grande), y por ello potencial enemigo. Pese a lo complicado que era el emperador, Fouché siempre fue reacio a alabar y obedecer incondicionalmente a Bonaparte, lo cual le sacaba a éste de sus casillas, llegando abroncarle en público: “debería echarte y mandarte fusilar”, a lo que Fouche respondía impávido: “no soy de esa opinión, sire”.  Por todo ello, Napoleón en uno de sus ataques de ira le destituyó del gobierno, entre 1802-1804, momento que aprovechó Fouche para convertirse en el hombre más rico de Francia, gracias a su inteligencia y encantos, junto a cierta influencia en el mercado bursátil, usando información privilegiada siempre que fue necesario, e influyendo en el ánimo de los inversores (muy digno de nuestros tiempos, llamémoslo Wall Street  o la City…).

            Charles-Maurice de Talleyrand-Perigod, caso admirable debido a su capacidad para mantenerse durante casi dos décadas en el epicentro del poder político de Francia, y en un momento de la historia (Luís XVI, Revolución francesa, Napoleón y el rey Luís Felipe I) en el que los vientos políticos, por no decir huracanes, eran cambiantes en extremo. Esta capacidad puede representar para algunos una “obra maestra de perdurabilidad” mientras que para otros, simplemente,  puede ser el fruto de la traición y el engaño no a uno, sino a 4 regímenes diferentes,

            Talleyrand pertenecía a la más alta nobleza francesa, y por ello fue educado a la manera clásica. Inicialmente, sus padres querían que hubiera hecho carrera militar para poder alcanzar méritos y reconocimientos propios de su rango, sin embargo no pudo llevar a cabo este deseo al padecer una enfermedad llamada “síndrome de Marfan”, el cual le hacía sufrir debilitamiento en múltiples partes de su cuerpo. Su enfermedad le produjo una deformidad en la pierna, lo cual le hizo sufrir una cojera que le valió el apodo de “le Diable Beiteux”, el Diablo Cojo.

            Al frustrarse la opción guerrera, la familia pensó en la otra alternativa clásica, que no vocacional, la opción eclesiástica, oficio acorde con su status pero que le obligó a ceder el título nobiliario a su hermano menor, lo que le causó una profunda herida de la que difícilmente se recuperaría. La naturaleza le había arrebatado en un principio una brillante carrera nobiliaria y militar, pero luego le había recompensado con creces mediante una increíble capacidad para engañar y manipular a cuantos le rodeaban, y siempre con gran beneficio para él mismo.

            Múltiples fueron sus negociaciones al servicio de Napoleón, como jefe de la diplomacia francesa, las cuales le permitieron enriquecerse más y más, puesto que mientras gestionaba los intereses del imperio siempre se preocupaba de los suyos propios, mediante comisiones o acuerdos variopintos en paralelos. Destacables son sus negociaciones con Austria o con los príncipes del Rhin, pero posiblemente su más famosa negociación fue la venta de la Lousiana, la cual ocupaba 2MM de km2, es decir, un 23% de la superficie actual de EEUU, y que estando cedida a la corona española, Francia decidió unilateralmente recuperar para poder posteriormente vendérsela a Jefferson por 7,4$/km2, y para lo que el gobierno americano tuvo que endeudarse por muchos años.

Ambos, Fouché y Talleyrand, fueron inicialmente enemigos confesos, uno feo y el otro cojo, pero ambos de una grandísima inteligencia, sutileza y bajos valores para poder manipular y aprovecharse de los demás a cualquier precio. Al final llegaron a entenderse, hasta el punto de que Napoleón, preocupado por su posición e imperio,  disolviera dicha amistad, enviando al segundo lo más lejos posible de su lado.

¿Cuál puede ser la moraleja de toda esta historia?  Pensad en los Talleyrand y los Fouché que nos rodean, la incapacidad que actualmente tenemos para distinguirlos y sobre todo la impotencia por las consecuencias que por ellos sufrimos. Y la siguiente pregunta sería: ¿se puede llegar a ser político sin ser inteligente, con los escrúpulos justos, cierta hipocresía y con valores relativos? La verdad es que no lo sé, pero tampoco tengo intención de averiguarlo.

Para los musicólogos, supongo que conoceréis al grupo de música Jet, para los que no lo conozcáis, os invito a hacerlo: “Shine on”.

PS: felicidades a mis amigos M y R por su boda en Valencia el pasado sábado. Os deseo lo mejor…

No hay comentarios:

Publicar un comentario