viernes, 7 de septiembre de 2012

PASEN Y DISFRUTEN: EL GRAN JUEGO DE LA AUTOCOMPLACENCIA Y LA FALSA ADULACIÓN

“Sir, Flattery is a poisonous and pernicious weed, which grows and prevails everywhere, but most where it does most harm; I mean in courts. If few dare speak the truth to their superiors, how shall he who has no superiors ever come to know the truth? Perhaps there never was an instance in the world, where a prince was told the sincere truth in everything which concerned him to know, by any servant of his. Truth is of a plain, unalterable nature, and cannot be moulded into fashionable shapes; truth is therefore unfit to be a courtier: But falsehood, being the creature of the imagination, is capable of bearing all modish and pleasing forms; falsehood is therefore an agreeable guest in palaces. To illustrate this…”. Donde se dice court, entendamos gobierno, donde se dice prince, digamos presidente del gobierno.

Para empezar este post no he podido encontrar mejor manera, que utilizando el comienzo de una carta escrita por Thomas Gordon (Cato´s letters) el 24 de junio de 1771 (http://classicliberal.tripod.com/cato/letter034.html). Aunque han pasado unos cuantos años desde entonces, parece que el ser humano sigue disfrutando de esa “flattery” o falsa adulación que comentaba Thomas. Y por ello sufriendo sus consecuencias.

Sí, es verdad que a todos nos gusta, y a mí el primero, que nos digan lo bien que trabajamos, lo buenas personas que somos, lo generosos, comprensivos… incluso a veces nos gusta que nos digan hasta lo guapos que somos. Aunque sepamos que es mentira. En dicho arte, el de adular, ciertos individuos son profesionales; los “aduladores”. Muy peligrosos ellos, en ocasiones pueden llegar a situarse bien cerca de aquellos que más poder disponen, los cuales, a su vez son los que más necesitados de esa adulación están.

Una vez explicado el motivo de la introducción del post, y muy en línea de lo que suele ser el razonamiento que en lafácilopinión utilizo, me gustaría trasladaros una pregunta que me ronda la cabeza últimamente: quién regula realmente nuestras vidas o dicho de otro modo tiene poder de decisión sobre ellas? Aquellos que elegimos democráticamente en las urnas, sean presidentes, senadores o alcaldes? Los grandes hombres de negocios que se han labrado una carrera tras duros años de trabajo? Los expertos generadores de opinión tan influyentes hoy en día por las redes sociales? O realmente son los aduladores que se encuentran cercanos a todos estos y que como sanguijuelas (“leeches”), se encargan de aconsejar/adular/susurrar a los primeros. La verdad, no lo sé seguro, aunque cierta opinión al respecto sí que tengo. De todas maneras, sea como fuere, lo que sí está claro, es que nosotros, el ciudadano de a pie, somos los que en última instancia votamos a nuestros gestores, trabajamos para esos grandes hombres de negocio o seguimos (“followers”) a determinados pensadores. Y en definitiva, somos los que nos hemos conformado con la situación que vivimos, es decir, la consecuencia de esa elección, y nos dejamos llevar muchas veces por la autocomplacencia derivada.

Generar opinión es algo relativamente sencillo como os podéis imaginar. Un ejemplo, yo mismo. Con tan solo coger un ordenador y escribir un pequeño texto, a través de las redes sociales puedo conseguir que otras personas sean participes de mis ideas. Después, en algunas ocasiones, incluso recibo mensajes en los que me felicitan por el post escrito, simple pensamiento en voz alta. Esta “adulación” soft es muy bien recibida por el autor, pero debe ser gestionada con cuidado, pues el riesgo de perder la perspectiva, sobre todo cuando crecen las felicitaciones, es grande. Si a mí, que soy una persona sencilla, o por lo menos así me considero, puede llegar a afectarme dicha adulación, me pregunto qué podrá pasarles a otras personas realmente influyentes, grandes economistas, filósofos o periodistas, que con un solo artículo o comentario suyo pueden crear un estado o corriente de opinión.

Como ejemplo de lo que digo, la semana pasada el catedrático de economía por la universidad de Columbia, el señor Xala i Martin. Mi respeto hacia él es mayúsculo, sobre todo en estos turbulentos días de crisis, en los que cualquiera escribe, y en los que además cualquiera escribe de economía (mea culpa). Sinceramente, creo que el señor Xala i Martin es certero en la mayor parte de los análisis que hace. Y sin embargo, cuando has seguido a una persona durante una temporada, realmente te sorprende, o por lo menos a mí así me ha pasado, cuando realiza afirmaciones del tipo: “Cataluña tendría acceso a los mercados de la deuda si fuera independiente de España”:
http://www.salaimartin.com/randomthoughts/item/403-random-thoughts-sobre-rescate-de-catalunya.html (cierto es que el FT, esta semana hace una reflexión en esa línea, poniendo como ejemplo la situación de Quebec, que a mí, sinceramente no termina de convencer). Dicha afirmación se debe realmente a su creencia personal? o de alguna manera es hecha para su público, que seguro sobre todo en Cataluña se habrá encargado de haberle “adulado” por ella. De igual manera, otro generador de opinión, como por ejemplo el economista José Carlos Díaz, que cuenta con una gran cantidad de seguidores, comparte opiniones, que a mi juicio, en algunas ocasiones, sin dejar de ser libres, totalmente respetables y muy posiblemente acertadas, me parecen un poco “peligrosas”. Sirva de ejemplo su ultimo post referido a la fuga de depósitos en España: http://blogs.cincodias.com/el_economista_observador/ , opinión que por menos no puedo compartir, y que de manera creo más acertada, explicó McCoy: http://www.cotizalia.com/opinion/valor-anadido/2012/08/31/societe-generale-y-el-mito-de-la-fuga-de-depositos-en-espana-7368/ . Se trata por ello de opiniones que realmente considera son ciertas o sólo de una forma más sencilla de polemizar para que sus seguidores sigan fieles al maestro?

Llegado a este punto, y lo que a mí más me preocupa, es la situación que vivimos actualmente como país y como sociedad. Si grandes pensadores como los antes comentados, que de una forma libre comparten sus opiniones, y de una forma igualmente libre, nosotros, los que los leemos y seguimos, decidimos si discrepar o compartir, tienen tanta influencia sobre la sociedad y ésta a su vez sobre ellos, qué ocurrirá con los que más mediocres o mucho peor preparados susurran a los que nos gobiernan? Parto de la opinión que en ciertas ocasiones, y no me queda pensar de otra manera, que aquellos que mandan, a los cuales descuento que tienen una pésima preparación, se deben rodear de gente preparada, para además de susurrarles y adularles, en ciertas ocasiones, les asesoren también. Pues la línea que separa el asesoramiento y la adulación debe ser muy pequeña. No me quiero ni imaginar, lo que pasará alrededor de los Monago, Griñan, Feijoo, Esperanza, Mas, Fabra,…, y tantos otros que seguro bien rodeados de sus aduladores, no les permitirán tomar contacto con la realidad que vivimos y que a muchos de los ciudadanos de a pie nos parece tan evidente. Y si esta situación la viven los autonómicos, estoy seguro que igualmente disfrutan de ella los municipales: Azcuna, Botella, Rita,…y en mucha mayor medida seguro que desde el gobierno central, ya sea en los ministerios o a buen seguro el propio presidente del gobierno (“The Prince”).

Efectivamente señores, ya es hora como país de que nos centremos todos en lo que tenemos entre manos: una gran deuda hacia otros, que por supuesto quieren cobrar, y unos recursos para generar ingresos limitados. Olvidemos por un momento el “oxigeno” que Draghi nos ha dado con sus afirmaciones, pero por el que seguro nos pasarán factura. De poco sirve que sigamos diciendo que somos muy buenos, que nos vamos a portar muy bien, qué no quisimos hacerlo, qué los mercados son muy malos, que sólo necesitamos un par de años más para llegar al límite de déficit acordado, qué debemos “robar” comida para dársela a los que más la necesitan,…o que si fuéramos independientes (dixit Xala i Martin) mejor nos iría.

Debemos dejar ya de adularnos unos a otros y seguir autocomplaciendonos. BASTA YA! Tenemos que reducir gasto, más del que nos gustaría. Tenemos que reconocer los errores cometidos, y si es necesario abrir procesos judiciales para que respondan por ellos los que pudieron cometer algún delito, hagámoslo! Tenemos que ser conscientes, de una vez por todas que no sólo vamos a salir de esta situación subiendo el IVA o el IRPF (Mariano, recuerda lo que le pasó a Pedro cuando negó tres veces a Jesús. Tú ya dijiste que no ibas a subir los impuestos y finalmente lo hiciste, por lo que evita volver a caer en el mismo error). Necesitamos RECORTAR, pero no aquello que es básico y necesario para seguir siendo un país OCDE. Tenemos que recortar a esas sanguijuelas (“leeches”), aduladoras, que están repartidas por las administraciones españolas, empresas públicas o semipúblicas, organismos internacionales, parlamentos europeos, asesores, técnicos,…, todos ellos elegidos a dedo y que han constituido la mayor carga que actualmente llevamos como país. (Roberto Centeno lo pone claramente de manifiesto en este post: http://www.cotizalia.com/opinion/disparate-economico/2012/08/27/egipto-tuvo-diez-plagas-espana-440314-politicos-7363/ ver tabla adjunta)
 
Porque el punto de salida es el que tenemos. Liberémonos de una vez por todas de esa carga que son los “aduladores”. Dejemos de lamentarnos y seamos conscientes de lo que tenemos entre manos, para de una forma humilde, y no exenta de mucho trabajo, comenzar a avanzar.

Para terminar, recuerdo como cierta persona muy querida por mí me comentaba como cuando era pequeño, allá por el 60s, en Madrid, se lavaban, porque no duchaban (carecían de ducha), con un barreño, después de haber calentado agua. Y es que parece como si en algunas ocasiones nos olvidáramos de dónde venimos. Entramos en una espiral catastrofista y no vemos que con trabajo podemos salir adelante. Seguro que sin los aduladores, sólo sin ellos podremos salir. No es momento de “flattery”, y si es el momento de ser justos con nosotros y sobre todo con los que vienen detrás de nosotros. Creo que sobre todo por ellos merece la pena intentarlo.

Lo olvidaba: “duro a la montera, oveja fuera”. Nunca lo olvidéis. Yo no lo hago!

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