Son muchas las ocasiones en las que sin darme cuenta termino
mirando mi iPhone. Esperando a que llegue el metro, antes de entrar a la
consulta del médico, o simplemente cuando no tengo nada que hacer. Los teléfonos
móviles han sido un gran adelanto. Desde aquellos “ladrillos” que nos daban con
el plan “Duo de Amena”, pasando por las maravillosas BlackBerry y sus emails,
hasta los más actuales Smartphone. Y lo de “teléfonos inteligentes” es una
forma generosa de definirlos, porque seguro que los teléfonos serán
inteligentes, pero lo que somos sus usuarios, cada vez lo somos menos.
Los teléfonos móviles actuales han creado en el ser humano una
relación de dependencia casi simbiótica. El móvil necesita que nosotros lo
carguemos, sobre todo mi iPhone, que cada vez dura menos, y nosotros
necesitamos de sus aplicaciones, de su agenda, de la bandeja de correo, del 3G,…
Reconozco que soy un ferviente adorador de mi teléfono. Ya no sé ni
correr sin él, es decir, sin el “runtastic”. Sí, así es. Cuando salgo a correr,
necesito saber: i) la distancia recorrida; ii) el tiempo por kilómetro; iii) el
desnivel salvado; iv) la velocidad media,… y ahí es donde me pregunto yo: ¿y
cómo corría yo antes? Pues con zapatillas como ahora.
Actualmente el móvil es una
necesidad para muchos de nosotros. Cuando salimos de casa, solemos coger la
cartera (DNI y dinero), las llaves (para luego volver a entrar en casa o para
coger el coche) y el móvil. Vamos que puedes salir sin abrigo en pleno
noviembre, pero si llevas tu móvil, es como si no pasara nada.
“Una
necesidad para
una persona es una sensación de carencia unida al
deseo de satisfacerla. Por ejemplo, la sed,
el hambre y el frío son sensaciones que indican la
necesidad de agua, alimento y calor,
respectivamente. Las necesidades son la expresión de lo que un ser vivo
requiere indispensablemente para su conservación y desarrollo. En psicología la
necesidad es el sentimiento ligado a la vivencia de una carencia, lo que se
asocia al esfuerzo orientado a suprimir esta falta, a satisfacer la tendencia,
a la corrección de la situación de carencia”.
Sensación, carencia, conservación,
satisfacer,… demasiado para un simple teléfono móvil, no?
La verdad es que la pregunta debería hacerse
sobre el preciso momento en el que el teléfono móvil paso de ser un medio para
comunicarse, cuando dos personas se encontraban separadas por una considerable
distancia, a ser la forma de comunicarse de 4 personas que están a la misma
mesa y se mandan mensajes de WhasApp. Ahí en ese preciso momento es cuando
parece evidente que algo falla.
Y lo digo reconociéndome como el primer
adicto.
El twitter me tiene enganchado, no me digáis porque
pero es así. El WhasApp, es parte de la forma en la que me comunico con mis
amigos, a lo mejor no les veo en meses, pero algún WhasApp seguro que nos
mandamos. Para ir a un sitio nuevo, lo primero que hago es meterlo en la
aplicación de mapas del teléfono. Sobre la meteorología, ni os cuento. Ya no
veo al Maldonado de turno en la televisión, ahora al móvil. La alarma que me
despierta cada mañana para ir al trabajo es desde hace tiempo la que pongo en
el móvil. La cámara de fotos es la del teléfono, porque además cada vez salen
mejor, incluidas las panorámicas. Y así podría seguir.
Pero el teléfono móvil no son solo
aplicaciones y la posibilidad de ver los periódicos por internet. Recuerdo a la
edad de 15 años, cuando quedaba los sábados con mis amigos, lo que solíamos
hacer era el viernes fijar la hora y el lugar, por ejemplo en la Plaza de
Cervantes a las 17:00 junto al quiosco de música, o a lo sumo el propio sábado llamarnos
por el fijo a casa, pero sólo a uno de los amigos y luego hacíamos cadena para
avisar al resto (en esos tiempos cada llamada de teléfono se pagaba). A la hora
fijada nos encontrábamos todos, o a lo sumo alguno se retrasaba 15 minutos, y
nos íbamos a hacer lo que hacían todos los niños de 15 años. Os imagináis eso
actualmente? No puedo hablar sobre el caso equivalente de la juventud actual,
pero supongo que el móvil será fundamental para quedar. De lo que sí puedo
hablar, sin embargo, es cuando quedo yo con mis amigos. Rara es la ocasión en
la que aunque haya quedado a una hora y en un lugar, no nos intercambiemos
antes un par de llamadas para avisar que llegamos 10 minutos tarde o que no
encontramos donde aparcar. Reconozco que es la sociedad en la que vivimos y
darle la espalda a los medios de que disponemos para hacernos la vida más
sencilla carece de lógica, pero la verdad es que no por ello dejo de
preguntarme si podría depender menos de mi teléfono móvil. Sobre todo me lo
pregunto para saber si mi dependencia hacia el teléfono puede estar afectando a
las personas que me rodean, a V, a mis amigos. ME pregunto si en algún momento
no dejaré pasar algo por alto por estar mirando el móvil, ya sea para leer un
email, o para ver dónde está una calle.
Supongo que de mí depende quién depende más
de quien y para ello no dejo de recordar a un profesor que tenía en el colegio
y que siempre nos decía que nos estábamos idiotizando. Hablo de hace más de 20
años. Si nos viera el pobre ahora. Bueno supongo que diría que lo hemos
conseguido después de mucho intentarlo, y somos un poquito más idiotas que
antes.Y hablando un poco de otras cosas. El otro día estuve en el Sushi 99 de Ponzano. Había estado antes en el de Hermosilla por lo que el riesgo no era mucho. Fantastico. Para los que nos gusta la comida japonesa, una elección de primera.






